La obesidad infantil, un problema acuciante contra el que los probióticos pueden ayudar

La obesidad infantil, un problema acuciante

El mundo ha cambiado mucho en los últimos años. Las sociedades occidentales actuales no se parecen demasiado a las que le precedieron, dado que hemos cambiando nuestro estilo de vida, nuestros patrones de alimentación e, incluso, la forma en la que nos relacionamos entre nosotros y con el medio en el que vivimos.

Estos cambios, que muchas veces le dan la espalda a lo que científicamente se puede denominar vida saludable, han redundado en la aparición de algunas patologías, cuya afectación es cada vez mayor., habiéndose convertido en auténticas epidemias. Una de ellas es la de la obesidad, que azota también al estrato infantil de la población.

Según una rigurosa investigación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre 1975 y 2016, la prevalencia de obesidad aumentó del 3 al 12% en el caso de los niños y del 2 al 8% en el de las niñas. Es decir, un crecimiento exponencial que pone en riesgo la salud de los más pequeños de la casa, dado que el sobrepeso está asociado a la aparición temprana de enfermedades metabólicas, como la diabetes tipo II, que pueden condicionar la salud del niño durante el resto de su vida.

Según una investigación de la OMS, entre 1975 y 2016 la prevalencia de obesidad aumentó del 3 al 12% en el caso de los niños y del 2 al 8% en el de las niñas

Además de intensificar el mensaje a la población de menor edad de que es necesario comer comida real y mantener una dieta variada, equilibrada y rica en todo tipo de nutrientes, la comunidad investigadora y científica busca cada vez más nuevas terapias que permitan reducir la incidencia de la obesidad y que mejoren el estado de los niños que la padecen.

En esta línea, se publicó un estudio en la revista Gastroenterology, realizado en la Universidad de Calgary (Canadá), en el que se pudo comprobar cómo la modulación de la microbiota intestinal puede ser una potente herramienta en la prevención y el tratamiento de esta patología, utilizando un prebiótico específico a base de inulina enriquecida con oligofructosa.

Antes de este trabajo, ya se había demostrado con otras investigaciones la importante correlación existente entre las enfermedades metabólicas crónicas y la microbiota intestinal, dado que todos los pacientes presentan un estado de disbiosis, es decir, de desequilibrio de las bacterias que conforman el ecosistema intestinal.

En el caso de este estudio, que se realizó a doble ciego durante 16 semanas, se trabajó con 42 niños con obesidad y sobrepeso, a 22 de los cuales se les suministró el prebiótico antes mencionado, mientras que los 22 restantes fueron tratados con placebo.

Aquellos que ingirieron el prebiótico, experimentaron un aumento de peso mucho menor y una mayor disminución de la masa grasa y abdominal, en comparación con el grupo control.

Además, los investigadores pudieron hacer una especie de “huella bacteriana” de los niños, que mostró que aquellos que tomaron la inulina aumentaron la presencia de Actinobacteria y Bifidobacterium, mientras que rebajaron los niveles de Faecalobacterium prausnitzii, Bacteroides vulgatus y Ruminococcus gauvreauii.

Con trabajos como este, aumentan las evidencias que relacionan la composición de la microbiota con el desarrollo de enfermedades metabólicas, especialmente en la población más joven.

El ejercicio físico, el estilo de vida y la alimentación son los otros tres pilares fundamentales para prevenir y tratar estas enfermedades que, como la mayoría de las que afectan a la sociedad, son multifactoriales y, en muchos casos, crónicas.

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