La microbiota, clave en el desarrollo cerebral de los bebés prematuros

La microbiota, clave en el desarrollo cerebral de los bebes prematuros

Lejos de lo que se pensaba en el pasado, la microbiota ya se empieza a configurar en el vientre de la madre y juega un papel fundamental en la salud de los bebés. Esta influencia, sin embargo, aún se vuelve más relevante cuando hablamos de bebés prematuros, mucho más proclives a sufrir infecciones y problemas de neurodesarrollo.

En uno de los cursos dirigidos a profesionales que Nutribiótica y Bromatech organizaron en Vigo, el médico cirujano y PhD en Biomedicina y Neurociencias Marcello Romeo trató este tema en profundidad, apoyándose en los últimos estudios que se han publicado en diversas revistas científicas.

Los estudios explican que el final del segundo y el tercer trimestre del embarazo son clave en el desarrollo de importantes procesos de crecimiento y maduración del cerebro, por lo que “el nacimiento prematuro expone al neonato a un crítico proceso de desarrollo cerebral. De hecho, actualmente ya sabemos que las lesiones de la sustancia blanca representan el modelo más común de daño cerebral tras el parto prematuro”, apunta el experto.

Debido a esta situación, no son pocos los investigadores que consideran urgente diseñar nuevas estrategias terapéuticas que se centren en proteger el cerebro de los bebés prematuros. Es en esta búsqueda de nuevas alternativas donde la Microbioterapia, a través de los probióticos, ha cobrado un protagonismo evidente, ya que algunas cepas específicas de microorganismos “pueden ser potenciales agentes neuroprotectores, que mejoran la barrera intestinal y potencian la respuesta inmunitaria”, afirma Romeo.

El final del segundo y del tercer trimestre del embarazo son clave en el desarrollo de importantes procesos de crecimiento y de maduración del cerebro

A estos probióticos, capaces de regular lo que ya se conoce como el eje intestino-microbiota-cerebro, se les conoce como psicobióticos y su uso es totalmente rutinario en centros de terapia intensiva neonatal en países como Finlandia, Japón, Colombia, Dinamarca, Alemania, Nueva Zelanda y Australia. De hecho, la revista científica Cochrane Neonatal sugiere que se produzca un cambio en la práctica clínica y que los probióticos pasen a ser de uso rutinario para los neonatos prematuros.

El doctor italiano afirma que las cepas que tienen esa capacidad de modular el eje intestino cerebro y que pueden ser, por tanto, consideradas como psicobióticas, son Bifidobacterium bifidus, Bifidobacterium lactis, Bifidobacterium breve, Lactobacillus acidophilus y Lactobacillus rhamnosus.

Los psicobióticos son probióticos compuestos por cepas específicas que pueden modular el eje intestino-microbiota-cerebro. Algunas de esas cepas son Bifidobacterium bifidus, Bifidobacterium lactis, Bifidobacterium breve, Lactobacillus acidophilus y Lactobacillus rhamnosus.

Un freno a las principales causas de mortalidad

Una vez superado el parto, la salud de los prematuros, pero también de los recién nacidos, podría ser preservada utilizando microorganismos específicos. Y es que hay una serie de patologías como la enterocolitis necronizante y la sepsis en las que ya se han realizado estudios en los que la administración de probióticos ha resultado ser una terapia efectiva.

La sepsis es una afección médica grave, causada por una respuesta inmunitaria fulminante a una infección, en la que el cuerpo libera sustancias químicas inmunitarias en la sangre con el objetivo de combatirla. Esta reacción tan potente produce alteraciones en la circulación sanguínea, que pueden llegar a provocar fallos orgánicos e incluso la muerte.

Normalmente, está causada por infecciones bacterianas y fúngicas, por lo que tomar medidas de prevención contra ellas es clave. Los últimos estudios apuntan a que algunas de esas medidas son la correcta gestión neonatal, la promoción de la lactancia materna y de las medidas de higiene, una política más cautelosa del catéter ultravenoso central y la mejora de la composición microbiana a través de la alimentación parenteral, suplementándola con probióticos.

De esta manera, se consigue aumentar la diversidad de la microbiota de los bebés, ya que los tratamientos antibióticos prolongados, la alimentación enteral retardada o la lactancia en incubadoras, reducen significativamente la presencia de microorganismos intestinales ‘buenos’, como las Bifidobacterias y los Lactobacilos, en pro de microflora patógena.

Por otro lado, hay estudios que avalan la efectividad de las cepas Lactobacillus rhamnosus y reuteri para prevenir las infecciones por Candida spp que, a menudo, preceden a las sepsis fúngicas.

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