Eje intestino-cerebro (II): Parkinson

microbiota y parkinson

La enfermedad de Parkinson consiste sobre todo en trastornos del movimiento, acompañados de otras muchas manifestaciones. Esta enfermedad tiene que ver con el gran desarrollo del sistema dopaminérgico en la especie humana. En el Parkinson son específicamente las neuronas de este sistema las que se dañan.

Hoy ya sabemos que el origen del Parkinson está en gran medida en el intestino. Esta enfermedad se produce – dicho de forma muy simplificada – por un acúmulo de una forma anormal de una proteína llamada alfa-sinucleína.

Ya hay mucha evidencia científica disponible que nos dice que en el Parkinson la alfa-sinucleína plegada de forma anormal procede del intestino. Parece ser que se puede propagar hacia el cerebro por el nervio vago en unas condiciones de aumento de la permeabilidad intestinal, disbiosis intestinal y un ambiente proinflamatorio a nivel intestinal, junto a la presencia de procesos de neuroinflamación.

Existe una predisposición genética para el Parkinson, pero son los factores ambientales los que conjuntamente con las alteraciones a nivel intestinal pueden acabar desencadenando la enfermedad.

Por ejemplo, ya sabemos que la presencia del Helicobacter pylori o el sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado están relacionados con el Parkinson y que el tratamiento de estas condiciones puede mejorar la situación clínica de estos pacientes.

La investigación ha demostrado que la alfa-sinucleína plegada de forma anormal procede del intestino. Se cree que viaja a través del nervio vago cuando hay disbiosis y permeabilidad intestinal.

También hay muchos estudios que apuntan a que el apéndice puede tener un papel fundamental en la fisiopatología de la enfermedad de Parkinson, si bien los resultados son contradictorios: unos estudios afirman que tener el apéndice intacto protege contra el Parkinson mientras que en otros su extirpación es lo que resulta ser el factor protector.

Lo que parece que está más claro es que el mecanismo detrás de estos factores tiene que ver con la microbiota. Un síntoma presente incluso décadas antes de la presentación clínica del Parkinson con los primeros síntomas motores es el estreñimiento, lo que es otra muestra más de la importancia de la salud intestinal en el desarrollo y, a posteriori, en el tratamiento de esta enfermedad.

Perfil disbiótico de los pacientes con Parkinson

En cuanto al perfil de la disbiosis en la enfermedad de Parkinson, se ha descrito en diferentes estudios, aunque los resultados no siempre son concordantes. Sí que parece que suele haber aumento de las enterobacterias, es decir, de la microbiota proteolítica o putrefactiva.

En un estudio se comprobó la disminución de la presencia relativa de bacterias como Faecalibacterium prausnitzii, lactobacilos y enterococos, junto a un aumento de enterobacterias y bifidobacterias.

Además, las concentraciones de ácidos grasos de cadena corta (acetato, propionato y butirato) estaban significativamente disminuidas respecto a los pacientes sin Parkinson.

También se ha comprobado que las alteraciones de la microbiota oral pueden influir en la fisiopatología de la enfermedad de Parkinson.

Sin duda, en el futuro los estudios de microbiota nos permitirán conocer mejor los perfiles de microbiota oral o intestinal de los pacientes con enfermedad de Parkinson y afinar el tratamiento de esta patología de una forma personalizada con medicina predictiva y de precisión.

Mientras tanto, por todo lo anteriormente comentado, en un paciente con enfermedad de Parkinson sería muy conveniente prestar atención a los siguientes aspectos de su estilo de vida y salud:

Alimentación

Es uno de los principales mecanismos para modular la microbiota y mejorar el estado de disbiosis y el estreñimiento. Hay pautas alimentarias antiinflamatorias y prebióticas que son particularmente interesantes en la enfermedad de Parkinson.

Adicionalmente hay evidencias que nos dicen que la leche puede ser problemática para estos pacientes por la fabricación de un metabolito tóxico, el sulfato de indoxilo, por mecanismos dependientes de la microbiota.

En cambio, el café supone un factor protector por múltiples mecanismos, como por ejemplo la presencia del eicosanoil-5-hidroxitriptamina (EHT) o su efecto beneficioso sobre las bifidobacterias.

Tratamiento del estreñimiento

Se debería tratar el estreñimiento en todos los pacientes con una dieta con suficiente grasa saludable, presencia de fibra celular y soluble, y el uso de dosis suficientes de magnesio vía oral puesto que se sabe que el déficit de este micronutriente es muy frecuente en la población y no se puede detectar en una analítica de sangre estándar.

En una fase inicial puede ser necesario utilizar laxantes o incluso enemas, aunque a largo plazo es mejor no recurrir a ellos de forma crónica.

H. pylori y SIBO

Es importante valorar si el paciente tiene cualquiera de estas dos situaciones. En tal caso, deben tratarse de la manera adecuada.

Probióticos

Deben ser de cepas específicas de derivación humana y pueden ser una gran ayuda en varios frentes:
·Formando parte del tratamiento del SIBO o la infección por el Helicobacter
·Como estrategia específica de lucha contra la disbiosis intestinal
·Por su capacidad para mejorar el estado de la barrera intestinal

sari-2Dra. Sari Arponen

La médica Sari Arponen es licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Murcia (2001) y doctora en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid, con sobresaliente Cum Laude.

Ha trabajado como internista en varios hospitales de la Comunidad de Madrid, con dedicación especial a las enfermedades infecciosas. Actualmente, desarrolla su labor asistencial en el Hospital Universitario de Torrejón.

Ha realizado más  de un centenar de cursos de formación continuada acreditados y ha participado activamente en diversos ensayos clínicos y estudios multicéntricos.

Desde hace un par de años, se ha centrado en el estudio y la práctica de la Medicina Evolucionista y de la Psicoinmunología clínica.

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