El papel de la microbiota en la Medicina de Familia

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DRA. SUSAN JUDAS

¿Cuál es el papel de la microbiota en la Medicina de Familia? Al fin y al cabo, la microbiota está sobre todo en el intestino, y eso lo llevan médicos digestólogos, ¿no?

Pero, ¿y si dijera que la microbiota tiene una interesante relación con casi todas las enfermedades crónicas actuales, incluidas las psiquiátricas? ¿Y qué médico está especializado en un enfoque y visión global del paciente y no sólo en un órgano específico?

Exacto, principalmente el médico de familia, el especialista que se centra en los problemas de la persona y le acompaña a lo largo de su vida, teniendo en cuenta su contexto psicosocial y para quien las enfermedades crónicas ocupan un puesto muy relevante en el ranking de «visto en consulta».

Además, se encarga de la prevención y el mantenimiento de la salud, no solo de la enfermedad. Y en eso, la microbiota también tiene un importante papel.

Patologías típicas de consulta y bacterias

Psoriasis, depresión, ansiedad, obesidad, diabetes, enfermedad renal crónica, enfermedades inflamatorias intestinales y lo que conocemos como síndrome del intestino irritable, hipotiroidismo autoinmune, fibromialgia y dermatitis (entre otras muchas): todas ellas tienen en común dos cosas.

Por un lado, una alteración en el equilibrio de las bacterias residentes (causa o consecuencia) y por otro, un complejo entramado de diversos factores que llevan al resultado final, con un lugar destacado para el rol de la inflamación crónica. En las enfermedades crónicas raramente encontramos una única causa. Por lo tanto, raramente mejoraremos con una única solución.

En la consulta de medicina de familia vemos a diario múltiples pacientes que tienen un largo listado de síntomas y enfermedades, que etiquetamos en nuestro sistema informático, acumulándose sin relación aparente entre ellas.

En las enfermedades crónicas raramente encontramos una única causa. Por lo tanto, raramente mejoraremos con una única solución.

Pero cuando se indaga en las causas profundas de las mismas, a menudo se acaba descubriendo que la causa raíz o detonante es la misma para muchas de ellas: un “dismatch” o desencuentro respecto a lo que nuestros genes esperan de nosotros y lo que le ofrecemos, una reacción inadecuada (o demasiado adecuada, según se mire) de su sistema inmune, una intolerancia a elementos y alimentos que no deberían provocar ninguna alteración; en algunos casos, incluso, una “intolerancia a la vida”.

No debemos olvidar que en muchas de estas patologías hay un componente de predisposición genética, es decir, unas cartas que el destino ya nos otorga en nuestra baraja de la vida. Sin embargo, ya sabemos que con las mismas cartas, hay jugadores que pierden irremediablemente y otros, sabiéndolas utilizar, son capaces de vencer en el juego una y otra vez.

¿Qué podemos hacer para convertirnos en ganadores?

Pues no agobiarnos por la parte que no podemos cambiar y centrarnos en la que sí, que es mucha. Tenemos un amplio margen de actuación.

¿Y cómo hacemos eso? Una intervención fundamental es cuidar nuestra microbiota, pues de ella depende el equilibrio de nuestras bacterias (y virus, hongos, arqueas y protozoos), tanto en nuestro intestino como en el resto del organismo.

¿Qué beneficios tendremos con una microbiota sana?

Proteger a nuestras bacterias y compañía tiene infinidad de beneficios, que repercutirá en todo nuestro organismo:

  • Una microbiota en eubiosis (equilibrio) hará que las bacterias patógenas se mantengan a raya, haciendo que sea más difícil sufrir infecciones.
  • Mejorará el estreñimiento y, al evacuar mejor, acumularemos menos sustancias tóxicas que podrían acabar en el torrente sanguíneo durante ese estancamiento de las heces. Además, el estreñimiento provoca acumulación de antígenos que nos hace más susceptible a generar reacciones de hipersensibilidad a alimentos. Éstas, cuando son reacciones retardadas, son difíciles de asociar al alimento y pueden pasar muchos años antes de que logremos relacionarlas.
  • Tendremos un mejor estado de ánimo y alejaremos la depresión, al contar con bacterias productoras de metabolitos beneficiosos como el butirato, un ácido graso que tiene propiedades antiinflamatorias y que es fundamental para la salud intestinal y mental.
  • Disminuirá la fatiga, al fabricarse más vitaminas y consumirse menos recursos (niveles más adecuados de vitamina B12, ácido fólico, hierro y vitamina D, entre otros).
  • Aumentará la absorción de nutrientes, por lo que tu alimentación – si es adecuada- será más eficiente y, unido al punto anterior, necesitarás menos suplementos nutricionales o ninguno.
  • Se reducirá la hiperpermeabilidad intestinal, lo que ayudará a mejorar las enfermedades autoinmunes al haber menos proteínas procedentes de la digestión que pasen al torrente sanguíneo con capacidad de sobreestimular al sistema inmune.
¿Y cómo cuidamos a nuestra microbiota?
  • Mantener una higiene dental adecuada, cepillarse los dientes con pastas dentales respetuosas (mejor no utilizar marcas comerciales de supermercado). El uso de un irrigador dental puede ser muy interesante para evitar o mejorar la inflamación de las encías -gingivitis-, además de mantener la caries a raya. Unas encías sanas harán que podamos mantener nuestras piezas dentales intactas por mucho tiempo, por lo que podremos masticar bien la comida, ¡algo fundamental para una buena digestión y asimilación de los nutrientes.
  • Reducir al mínimo los alimentos perjudiciales, los que todos sabemos: productos ultraprocesados como comida prefabricada, pizzas, bollería, refrescos y azúcar, por ejemplo.
  • Proporcionar alimento a nuestras bacterias beneficiosas para que se multipliquen y trabajen para nosotros: almidón resistente, inulina, galactooligosacáridos (GOS) y fructooligosacáridos (FOS) actúan como prebióticos con ese objetivo. Si no es suficiente con la dieta podemos encontrar suplementos interesantes como la inulina aislada o XantonetⓇ, que contiene una combinación de todos ellos. Aunque ojo, si hay una gran disbiosis o sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO), quizá su uso pueda aumentar síntomas como la hinchazón si no se soluciona previamente, pero una vez resuelto, el consumo de prebióticos es un paso obligado para una buena salud intestinal.
  • Solucionar el estreñimiento crónico: ingerir suficiente agua (¡no refrescos ni zumos!), caminar una hora diaria para estimular los movimientos intestinales, ingerir suficiente fibra alimentaria y demás prebióticos (me remito al punto anterior). Si es necesario, al principio (la idea es no depender de ellos) se puede recurrir a algunos laxantes – no tienen por qué ser farmacológicos – bajo recomendación médica para nuestra situación personal.
  • No utilizar jabones de baño agresivos ni jabones íntimos que rompen el delicado equilibrio de nuestra microbiota residente. Eso puede hacernos más predispuestos a sufrir dermatitis o infecciones por hongos, por ejemplo.
  • Fármacos como los antibióticos y antiinflamatorios (AINEs), entre otros, pueden modificar la microbiota. Son fármacos útiles cuando están bien prescritos, pero no debemos automedicarnos -referente a los antibióticos- ni abusar de su uso – en el caso de los AINE’s-.
  • Utilizar probióticos para ayudar a repoblar la microbiota con cepas que cumplan las exigencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS): bacterias administradas en cantidades suficientes, que lleguen vivas al lugar donde han de actuar y que produzcan efectos beneficiosos.

Los probióticos de cuarta generación de derivación humana resisten el pH y la tracción mecánica del sistema digestivo y son capaces de formar colonias estables para que su efecto sea prolongado en el tiempo tras un tratamiento adecuado.

Los probióticos que no cumplen estos criterios pueden ser útiles en ocasiones, pero su efecto es muy transitorio ya que no pueden formar colonias en la mucosa intestinal y, por lo tanto, se pierden con las heces (y el dinero invertido, con ellas).

Además, es interesante que el probiótico contenga pocas cepas diferentes a la vez, para que no compitan entre sí y se anulen las unas a las otras.

¿Y qué más?

Otra situación en la que los probióticos pueden ser de gran utilidad en la medicina de familia, y nos puede ahorrar el uso de antibióticos, es en el caso de:

  1. Pacientes con infecciones de orina de repetición o candidiasis, empleando un tratamiento en dos fases: inicialmente para eliminar flora patógena y posteriormente para repoblar la microbiota con bacterias afines.
  2. Como prevención de la disbiosis al administrarlos junto a un tratamiento antibiótico, con el objetivo de minimizar los efectos secundarios de éste.
  3. Gastroenteritis aguda, también son de gran utilidad para reducir el tiempo de enfermedad y acelerar la recuperación.
  4. Reflujo gastroesofágico: el tratamiento con PilorexⓇ, por ejemplo, podría limitar la necesidad de utilizar fármacos como el omeprazol de manera crónica y es un coadyuvante muy interesante para reducir la población de Helicobacter pylori a niveles comensales en los que no produzca daños.
  5. Y por último, donde los probióticos mejor se lucen por inducir una mejoría espectacular (esa diferencia abismal que el paciente puede apreciar en poco tiempo), y que además lleva “de cabeza” a los médicos, por no disponer de fármacos eficaces, es en los casos de dispepsia funcional, hinchazón postprandial y exceso de flatulencias . Parece magia, pero es que aquí los probióticos juegan en su campo y el resultado no se hace esperar.
Conclusiones

Como hemos podido comprobar, los probióticos son una herramienta muy útil y una alternativa válida a distintos fármacos en muchas situaciones cotidianas, que son las que habitualmente vemos en la consulta de medicina de familia.

Todas estas patologías o síntomas deben ser evaluadas por un profesional, que será quien decidirá si la Microbioterapia sería una opción adecuada en el caso particular.

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foto Susan JudasDra. Susan Judas

Residente en Medicina Familiar y Comunitaria en CST Terrassa.

Vocal asociación “Intolerancias Alimentarias y Microbiota”. Voluntaria en Acidh (Asociación Catalana de Integración y Desarrollo Humano).

Graduada en Medicina, unidad docente Vall d’Hebrón, por la Universidad Autónoma de Barcelona.

Formación continua en el ámbito de la atención primaria, la medicina evolutiva, la nutrición y su rol en la salud y en la enfermedad, patología autoinmune, microbiota, enfermedades crónicas (diabetes, obesidad, hipertensión, inflamación crónica, depresión, deterioro cognitivo, dolor crónico), intolerancias e hipersensibilidad alimentarias, etc.

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