El equilibrio y la salud: cómo la disbiosis puede afectar a nuestro organismo

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Hasta hace no demasiado tiempo, la palabra “bacteria” suscitaba una reacción negativa en el imaginario social. No en vano, algunas de las que existen le han causado – y le causan – graves infecciones y enfermedades al ser humano. Sin embargo, hay todo un ‘ejército’ de bacterias que se sienten olvidadas por la Historia y por el relato científico, dado que, lejos de hacerle daño a nuestra salud, son unas auténticas aliadas a la hora de hacer frente a patologías y dolencias.

Afortunadamente, la investigación médica ha ido avanzando en los últimos tiempos y no solo le ha dado nombre a nuestras ‘bacterias amigas’, conocidas actualmente como microbiota, sino que también ha conseguido demostrar con rigurosidad y metodología científica sus efectos en la salud y su relación con el desarrollo de algunas de las enfermedades que más afectan a las sociedades modernas occidentales.

La clave para que la microbiota ayude a nuestro organismo a funcionar de la mejor manera está en su equilibrio. Son cientos de miles las especies bacterianas que la conforman y todas ellas necesitan estar en una determinada cantidad y en un sitio específico de nuestro organismo.

El médico e investigador Marcello Romeo explica que fueron los análisis de ADN bacteriano los que han hecho posible la caracterización de las cepas “que están presentes a lo largo del tracto gastrointestinal, su concentración y la especificación de la relación sinérgica y numérica que se establece entre ellas”.

Una chispa para ‘encender’ la inflamación

Cuando el equilibrio de este ecosistema se rompe o se altera, la comunidad bacteriana ve mermada su acción metabólica y no es capaz de preservar el estado de salud de la persona afectada. Es lo que se conoce como disbiosis. Esta situación suele derivar, entre otros factores, de los cambios que se producen por la edad, el tipo de alimentación o el uso de fármacos. La consecuencia es “la aparición de fenómenos fermentativos y/o putrefactivos” y de una inflamación de bajo grado.

La clave para que la microbiota ayude a nuestro organismo a funcionar de la mejor manera es que esté en equilibrio, lo que se conoce como estado de disbiosis.

Sobre esto último, Nature Reviews Gastroenterology&Hepatology publicó en el 2017 un estudio en el que se confirmaba esa capacidad de la disbiosis de “encender” focos inflamatorios en el cuerpo, debido que produce un crecimiento de lipopolisacáridos de la pared externa de las bacterias gram-negativas.

Estos lipopolisacáridos se ‘suben’ a los quilomicrones, las partículas responsables de trasladar los lípidos de la dieta desde el lumen intestinal hasta otras áreas del organismo utilizando el torrente sanguíneo como vehículo de desplazamiento.

La conclusión a la que llegaron los investigadores fue clara: cuanto mayor era la disbiosis en un paciente, mayor era el número de quilomicrones que ‘viajaban’ por su organismo y más elevado era su estado inflamatorio general.

Síntomas de la disbiosis y tratamiento

Los síntomas clínicos que caracterizan al desequilibrio de la microbiota son la hinchazón y la distensión abdominal, flatulencias, alternaciones del tránsito intestinal -tanto diarrea como estreñimiento – y, a veces, dolores abdominales, como los cólicos.

Revertir una situación de disbiosis para conseguir que nuestra microbiota vuelva a estar en armonía, lo que se conoce como eubiosis, pasa por la ingesta de cepas probióticas bacterianas seleccionadas, siempre de derivación humana y de cuarta generación (para que sean ácido resistentes y no mueran en el estómago). Además, es necesario cambiar los patrones de alimentación y adoptar toda una serie de hábitos saludables.

microbiota

El médico Marcello Romeo defiende que las cepas bacterianas transitorias Enterococcus faecium y Saccharomyces boulardii consiguen eliminar bacterias patógenas como E. coli, Candida albicans, Clostridium, Proteus… ¿Cómo lo hacen? “Por medio de mecanismos de competencia y de exclusión espacial y produciendo proteasas específicas, bacteriocinas, ácido butírico y ácido fórmico. Todos estos compuestos son capaces de destruir bacterias, virus y hongos”, detalla Romeo.

Una vez conseguida la eubiosis, el siguiente paso es la “cuidadosa y precisa refloración microbiana selectiva y secuencial del intestino delgado y del intestino grueso, suplementando, en primer lugar, con bifidos capaces de recolonizar el intestino delgado y, en segundo lugar, con lactobacilos, cuyo destino será el intestino grueso”.

El nombre que recibe todo este proceso en la práctica clínica diaria es el de reimplantología con probióticos específicos

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