Microbiota y envejecimiento

Envejecer es un proceso de largo recorrido, en el que es vital cuidarse para mejorar nuestra calidad de vida. Con el ‘boom’ investigador que se está viviendo en el campo de la microbiota, la comunidad científica se pregunta, ¿influye su equilibrio en el envejecimiento?

La respuesta es sí. De hecho, diversos estudios apuntan a que la inflamación que se produce en el cuerpo como consecuencia del envejecimiento tiene mucho que ver con el estado de la microbiota.

Tal y como explica el Dr. Jose Manuel Ribera Casado en el artículo Microbiota intestinal y envejecimiento: ¿Un nuevo camino de intervención?, en la vejez es común que exista un estado inflamatorio crónico de bajo grado, que juega un importante papel en muchas de las enfermedades típicas de este rango de edad.

Cambios intestinales en la vejez

Con la edad, el intestino sufre cambios morfológicos. Estos son solo algunos de ellos:

  • Reducción progresiva de su peso y de la superficie mucosa
  • Pérdida de elasticidad
  • Modificación en la forma y el tamaño de los folículos
Consecuencias clínicas

Estas alteraciones tienen consecuencias clínicas, entre las que el Dr. Ribera destaca:

  • Aumento de todo tipo de alteraciones relacionadas con la absorción
  • Más posibilidades de que aparezcan patologías vasculares
  • Mayor tendencia al estreñimiento
  • Posibilidad de desarrollar incontinencia fecal
Modificaciones de la microbiota

La microbiota tampoco se mantiene estable a medida que vamos cumpliendo años. Algunos de los cambios que experimenta son:

  • Disminuyen la diversidad entre los gérmenes que la componen
  • Bajan los bacteroides y las bifidobacterias
  • Aumentan los anaerobios, Clostridium, fusobacterias y eubacterias
  • Sube la actividad proteolítica
Barrera intestinal
¿Modular la microbiota?

Modificando la composición de la microbiota se pueden equilibrar las bacterias buenas, lo que ayuda a mejorar los síntomas que produce la disbiosis en las personas de edad más avanzada. Para ello, una herramienta esencial es la dieta.

Así se evidenció con la puesta en marcha de algunas iniciativas, como el Proyecto NU-AGE, finalizado en 2016. Se trató de un estudio multiprofesional en el que se analizaron los parámetros clínicos y biólogicos de personas sanas de entre 65 y 79 años a los que se les administró dieta mediterránea durante un año.

En el caso de los probióticos, las bacterias más estudiadas son los lactobacilos y las bifidobacterias, «tanto con finalidad preventiva como terapéutica», según afirma Ribera Casado en su artículo.

Algunos de los casos en los que la administración de probióticos en gente mayor ha tenido muy buenos resultados son:

  • Infecciones respiratorias, reduciendo tanto la incidencia como la severidad
  • Diarrea asociada a antibióticos, disminuyendo sus episodios y mejorando su tolerancia
  • Estreñimiento, reduciendo la tendencia que las personas mayores tienen a sufrirlo

En 2017, investigadores de la Universidad McMaster, de Canadá, realizaron un estudio en el que la modulación de las bacterias intestinales también demostró reducir los niveles inflamatorios asociados a la vejez. Tanto es así que la investigadora Dawn Bowdish, autora del estudio, afirmó tras su publicación que «hasta la fecha, las únicas cosas que se podían hacer para reducir la inflamación asociada a la edad era llevar dieta sana, practicar deporte y tratar cualquier enfermedad crónica inflamatoria. Ahora se abre la puerta a que se puedan usar medicamentos, probióticos o prebióticos que aumenten la función del intestino para mantener a los microbios en su lugar y reducir esa inflamación».

Investigación española

El pasado mes de julio, el especialista en biología del cáncer y envejecimiento de la Universidad de Oviedo, Carlos López-Otín hizo públicos los resultados de una investigación de cinco años en la que demostraba cómo un tratamiento a base de una bacteria intestinal alargaba la vida en ratones. ¿Cómo? Pues gracias a un trasplante de microbiota de roedores sanos a otros aquejados de envejecimiento prematuro. Los que recibieron el trasplante vieron frenada la pérdida de peso, el deterioro renal o la mala regulación de la termperatura corporal. Se consiguió aumentar la longevidad entre un 13 y un 14%.

Según el experto, la relación entre la microbiota y en envejecimiento se realiza a través de la bilis, gracias a la Akkermansia muciniphilaque influye en la síntesis de los ácidos biliares, que, a su vez, regulan multitud de funciones en nuestro organismo, «incluidos el metabolismo de las grasas, la inflamación y la salud cardiovascular», en palabras del propio Otín.

Con este nuevo trabajo, la Microbioterapia se afianza todavía más como una intervención terapéutica esencial durante el envejecimiento, utilizando probióticos como una herramienta segura y eficaz, siempre que sean de derivación humana y de IV Generación.

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