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Ansiedad: síntomas y tratamiento

Muchos de nosotros nos preguntamos por qué sentimos ansiedad en ciertas situaciones de nuestra vida diaria, incluso en circunstancias que creemos que no encajan con esta emoción. En este artículo hablaremos sobre qué es la ansiedad, sus tipos, síntomas comunes y los posibles tratamientos para evitar los ataques de ansiedad.

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una emoción normal que todos experimentamos en ciertas situaciones de estrés o peligro. No obstante, cuando se torna exagerada, constante y desmedida, puede transformarse en un trastorno de ansiedad. Además, algunas personas experimentan lo que se conoce como crisis de ansiedad, episodios intensos de ansiedad que pueden manifestarse con síntomas como palpitaciones, dificultad para respirar, sudoración excesiva y una sensación abrumadora de miedo o pánico.

Es importante buscar tratamiento si la ansiedad interfiere significativamente en la vida diaria.

¿Cómo saber si tengo ansiedad?

Los síntomas de la ansiedad varían según el tipo, pero, ¿cómo saber si lo que estamos experimentando es ansiedad? Estos son los síntomas más comunes:

  • Preocupación excesiva
  • Nerviosismo
  • Tensión muscular
  • Dificultad para concentrarse
  • Problemas para conciliar el sueño
  • Sudoración, náuseas y mareos
  • Evitación e ira

Es importante recordar que la ansiedad puede afectar a cada persona de manera diferente.

Tipos de ansiedad

Existen varios tipos de trastornos de ansiedad con síntomas más específicos, entre los cuales se incluyen:

Trastorno de ansiedad generalizada

El trastorno de ansiedad generalizada (TAG) es una condición mental que se caracteriza por una preocupación excesiva y persistente sobre situaciones cotidianas, como el trabajo, la familia, la salud o las relaciones interpersonales. Las personas con TAG suelen experimentar síntomas como nerviosismo, inquietud, dificultad para concentrarse, irritabilidad, tensión muscular y problemas para conciliar el sueño.

Esta preocupación constante puede interferir significativamente en la vida diaria de la persona, afectando su rendimiento laboral, sus relaciones personales y su bienestar emocional. Además, el TAG puede estar acompañado de otros trastornos de ansiedad, como fobias específicas o trastorno de pánico.

El TAG es muy frecuente, afectando al 3% de la población, con doble prevalencia en mujeres, afectando significativamente a su calidad de vida.

Trastorno de pánico

El trastorno de pánico es un tipo de trastorno de ansiedad que se distingue por la aparición de crisis de pánico imprevistas y repetitivas. Estos ataques pueden ocurrir de forma inesperada y sin una causa aparente, lo que puede generar un miedo intenso y una sensación de pérdida de control. Los síntomas de un ataque de pánico pueden incluir palpitaciones, sudoración, temblores, dificultad para respirar, mareos y sensación de irrealidad.

Las personas que sufren de trastorno de pánico pueden experimentar una preocupación constante por la posibilidad de tener otro ataque de pánico, lo que puede llevar a evitar ciertas situaciones o lugares que puedan desencadenar los síntomas. Esto puede afectar significativamente la calidad de vida de la persona y dificultar su funcionamiento en el día a día.

Agorafobia

La agorafobia es un trastorno de ansiedad que se caracteriza por el miedo intenso a encontrarse en situaciones o lugares donde escapar o recibir ayuda podría resultar complicado en caso de experimentar un ataque de pánico.

Las personas que sufren de agorafobia suelen evitar espacios fuera de casa, como centros comerciales, transporte público, espacios abiertos o espacios concurridos, ya que temen no poder escapar o sentirse atrapados en caso de sentir síntomas de ansiedad. Este miedo puede llegar a ser tan abrumador que las personas afectadas pueden llegar a limitar sus actividades diarias e incluso volverse reclusas en su propio hogar.

Fobia social

La fobia social es un trastorno de ansiedad que se caracteriza por un miedo intenso y persistente a situaciones sociales o de rendimiento. Las personas que sufren de fobia social experimentan un temor abrumador a ser juzgadas, humilladas o rechazadas por los demás, lo que les dificulta participar en actividades cotidianas como hablar en público, socializar en eventos o incluso realizar tareas simples en presencia de otras personas.

Este miedo puede ser tan intenso que las personas con fobia social evitan por completo las situaciones que les generan nerviosismo, lo que puede afectar significativamente a sus relaciones interpersonales. Además, la fobia social puede provocar síntomas físicos como sudoración, temblores, taquicardia, dificultad para respirar y náuseas.

Ansiedad por separación

La ansiedad por separación es un trastorno común en niños que se manifiesta por un miedo excesivo a separarse de personas significativas, como los padres. Este miedo puede provocar síntomas como llanto, berrinches, dificultad para dormir, pesadillas, dolores de estómago o de cabeza, entre otros.

La ansiedad por separación es normal en niños de 8 a 24 meses y en general, se resuelve a medida que los niños se dan cuenta de que sus padres regresarán. En algunos niños, la ansiedad por separación persiste y puede ser lo bastante grave para ser considerada un trastorno. 

Los niños con ansiedad por separación pueden sentirse abrumados por la idea de estar solos o separados de sus seres queridos, lo que puede interferir en su vida diaria y en sus relaciones sociales. Es importante abordar este trastorno de manera adecuada, brindando apoyo emocional, estableciendo rutinas y límites claros, y en algunos casos, buscando la ayuda de un profesional de la salud para ofrecer terapia y herramientas para manejar la ansiedad.

Déficit de GABA y ansiedad

La relación entre el déficit de GABA (ácido gamma-aminobutírico) y la ansiedad es bastante significativa. GABA es un neurotransmisor que juega un papel fundamental en la regulación de la actividad cerebral. Por el contrario, el glutamato es un neurotransmisor excitatorio, es decir, es complementario con GABA, y en caso de tener este déficit se generará un desequilibrio que se transformará en ansiedad.

Los niveles bajos de GABA se han asociado con afecciones como el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno de pánico y la ansiedad social. Los enfoques de tratamiento para la ansiedad a menudo se dirigen a los receptores GABA para ayudar a restablecer el equilibrio y aliviar los síntomas.

Estudios recientes muestran relación entre el consumo de Lactobacillus rhamnosus SP1 y el aumento de las concentraciones de GABA, mejorando los síntomas de la ansiedad y la depresión.

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Tratamiento para la ansiedad

En este punto, nos preguntamos, ¿cómo controlar la ansiedad? Dentro de los posibles tratamientos encontramos diferentes pastillas para la ansiedad:

Ansiolíticos

Uno de los tratamientos más conocidos y más usados son los ansiolíticos. Este tipo de tratamientos se basan en la inmediatez, es decir, calman los síntomas de la ansiedad entre 30 y 60 minutos después de su toma, pero los síntomas vuelven a aparecer a las 6 horas, lo que hace que el uso de ansiolíticos sea un “parche”.

Los ansiolíticos presentan efectos adversos frecuentes como somnolencia, temblores y pérdida de memoria y suelen generar dependencia.

Antidepresivos

Los antidepresivos, como los inhibidores de la recaptación de la serotonina (ISRS) o los inhibidores de la recaptación de la serotonina-noradrenalina (IRSN) y otros, también suelen ser usados para el trastorno de ansiedad. Como ocurre con los ansiolíticos, presentan efectos secundarios (sedación, olvidos, torpeza, disminución de la líbido) y pueden conducir a una dependencia. Su uso en tratamiento conlleva varios meses, y su retirada debe ser progresiva.

Terapia psicológica

La ayuda profesional con terapias de exposición progresiva, terapias cognitivo-conductuales, mindfulness y otras han demostrado ser el enfoque más eficaz para los trastornos de ansiedad. No conviene confiar simplemente en la farmacoterapia sin abordar las causas subyacentes del trastorno, sea psicológico o sea fisiológico, como pudiera ser abuso de sustancias y otras enfermedades concomitantes que agravan el problema, como asma, hipertensión, hipertiroidismo, etc. Las modificaciones en el estilo de vida son también fundamentales y necesarias: alimentación antiinflamatoria, ejercicio, sueño y descanso.

Probióticos

Como hemos mencionado anteriormente, el uso de cepas como el Lactobacillus rhamnosus SP1 o Lactobacillus rhamnosus HN001 ha demostrado mejorar los niveles de GABA, modulando el eje intestino-cerebro, lo que mejora los síntomas relacionados con la ansiedad.

Los mecanismos por los que los probióticos ayudan a mitigar la ansiedad involucran al nervio vago, al sistema inmune y al endocrino, a los ácidos grasos de cadena corta y al GABA, entre otros. Estos mecanismos convergen para reducir el cortisol, influir en la actividad neuronal y la plasticidad sináptica en regiones cerebrales implicadas en la regulación emocional, como la amígdala y la corteza prefrontal.

Lactobacillus rhamnosus ha sido implicado en la regulación del sistema GABAérgico, aumentando la expresión de receptores GABA en el cerebro y mejorando la neurotransmisión inhibitoria. Además, se ha demostrado que ciertas cepas de Lactobacillus rhamnosus como SP1 aumentan la disponibilidad de triptófano, el precursor de la serotonina.

El uso de probióticos en ansiedad presenta varias ventajas frente al uso de ansiolíticos: menos efectos secundarios, ninguna dependencia ni taquifilaxia, modulan la microbiota de forma natural interviniendo en el eje microbiota-intestino-cerebro, GABA y otros neurotransmisores, ausencia de síndrome de abstinencia al retirarlos, mayor efecto sinérgico e integral, más accesibles y más asequibles. Los probióticos también podrían usarse de forma conjunta a los fármacos ansiolíticos, siempre bajo supervisión profesional por posibles interacciones y ajustes de dosis.

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Conclusión

Debemos recordar que tener ansiedad es un sentimiento normal, pero se puede convertir en un problema si se vuelve recurrente. Saber gestionarla o buscar ayuda es importante para que los síntomas no sean cada vez mayores. Los probióticos con cepas específicas son cada día más utilizados para tratar este tipo de problemas, ya que se ha demostrado que mejoran la sintomatología del paciente y, por tanto, su calidad de vida.

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