Omega-3 y vida: fertilidad, embarazo y lactancia

Se estima que un 15% de las parejas tienen algún problema de fertilidad. Los hábitos de vida, el sedentarismo, el estrés y, por supuesto, la alimentación, van a influir en nuestra capacidad reproductiva. Entre los nutrientes que parecen tener un papel clave en la formación de los gametos, que son las células reproductivas, destaca el omega-3.

Omega-3 y fertilidad

Los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 pueden tener impacto sobre la función reproductiva por medio de varias acciones. Por un lado, se sabe que los omega-3 dan lugar a prostaglandinas consideradas antiinflamatorias (como PGE3 y PGF3α) y también influyen en la esteroidogénesis, es decir, en la formación de hormonas esteroideas: progesterona, testosterona, estrógenos, etc. Además, los ácidos grasos omega-3, sobre todo el DHA, tienen una función fundamental formando parte de las membranas celulares.

Fertilidad masculina

Entre un 20-70% de los problemas de fertilidad se deben a un factor masculino, debido a alteraciones en la concentración, motilidad y/o morfología espermática. La composición lipídica de la membrana de las células espermáticas es fundamental para su correcta función. Concretamente, el DHA parece ser el omega-3 más importante en los espermatozoides y su deficiencia se asocia con oligospermia y astenospermia. En hombres se ha demostrado que la suplementación con EPA y DHA mejora la concentración espermática y la motilidad, y disminuye la fragmentación del ADN. Entre los diversos micronutrientes que también se han estudiado para mejorar la fertilidad masculina es especialmente interesante la coenzima Q10 por su gran capacidad antiinflamatoria.

Fertilidad femenina

Estos ácidos grasos esenciales, EPA y DHA, también son importantes en la fertilidad femenina. Como ya se comentó, modulan la producción de prostaglandinas y de las hormonas que regulan la función ovárica. Esto queda patente en los estudios que han asociado la ingesta de DHA con el incremento de la progesterona y menor riesgo de amenorrea. Varios trabajos observaron que ingerir niveles elevados de omega-3 mejoraba la ovulación y la calidad ovocitaria. Por su parte, las prostaglandinas en el entorno uterino parecen fundamentales para que tenga éxito la implantación embrionaria. 

Omega-3 y reproducción asistida

También se ha evaluado la utilidad del omega-3 como suplemento pre-concepción en mujeres que se someten a técnicas de reproducción asistida. Se observa que las mujeres que tomaban omega-3 obtenían un mayor número de folículos en la estimulación ovárica y se incrementaba el éxito de la fecundación con respecto al grupo placebo.

Embarazo y lactancia: el papel de los omegas

Es especialmente importante tener unos niveles adecuados de DHA durante el embarazo y la lactancia, pues este omega-3 tiene un papel central en el desarrollo neurológico, visual y cognitivo, tanto del feto como del recién nacido. Durante el último trimestre de gestación se estima que el feto requiere diariamente unos 67 mg de omega-3, principalmente DHA. El consumo de DHA por parte del feto, sumado a las necesidades de este ácido graso esencial por parte de la madre, hace que durante el embarazo la dosis diaria recomendada de omega-3 sea ligeramente superior a la de un adulto. En países occidentales, donde hay un consumo muy bajo de productos marinos y, especialmente, durante el embarazo donde se recomiendo evitar ciertos pescados de gran tamaño por su contenido en metales pesados, es muy complicado llegar a los requerimientos de omega-3 a través de la dieta.

Depresión post-parto: ¿qué tiene que ver con los omegas?

Por otro lado, los bajos niveles de omega-3 y tener un ratio omega-6/omega-3 elevado, se asocia con el incremento de citoquinas proinflamatorias, que pueden provocar alteraciones en neurotransmisores como la serotonina o la dopamina. En este sentido, se han relacionado los bajos niveles de los ácidos grasos omega-3 en mujeres embarazadas con mayor riesgo de depresión post-parto.

Bibliografía

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