¿Para qué sirve el Omega-3?

Tener unos buenos niveles de omega-3 favorece nuestra salud general, porque este ácido graso poliinsaturado es esencial para el funcionamiento de nuestro organismo. Su presencia en el cuerpo debe cubrir unos niveles mínimos para poder ejercer su labor, ya que su déficit puede producir consecuencias poco favorables y convertirse en impulsor de diversas patologías o trastornos.

Omega-3 Para qué sirve

Conseguir buenos niveles de omega-3 depende exclusivamente de nosotros. Es una decisión personal. ¿Por qué? Porque nuestro cuerpo es incapaz de sintetizar este ácido por sí mismo, por lo que debemos aportárselo al organismo a través de la dieta o, cuando es necesario, siguiendo una pauta de suplementación consciente que nos ayude a revertir su falta.

Esto demuestra la importante decisión que tomamos cada vez que diseñamos el menú de nuestra semana. No solo en lo que respecta a la ingesta de omega-3, sino también de cara a mantener equilibrada y saludable nuestra microbiota.

De hecho, el omega-3 tiene un importante impacto en la composición bacteriana de nuestro intestino. Ambas cuestiones -el nivel de Omega-3 que tenemos y el equilibrio de nuestra microbiota- marcarán nuestro estado de salud y serán llave para tratamientos tanto preventivos como de recuperación de un estado patológico.

Beneficios del omega-3 en nuestra salud

Los lípidos y la protección celular

El omega-3 tiene una importante influencia en los perfiles lipídicos de nuestro organismo. Los lípidos son moléculas que forman parte de la membrana celular (se habla también de la membrana lipídica) y que gracias a su presencia es posible reforzar la protección celular y que las funcionalidades de la célula se desarrollen intactas.

Además, este ácido graso tiene un papel clave en la síntesis de los eicosanoides, un grupo de moléculas de carácter lipídico que tienen que ver con fenómenos como la:

  • Inflamación neuronal
  • Agregación plaquetaria
  • Vasodilatación / vasoconstricción
  • Respuesta inmunológica
  • Crecimiento y proliferación celular

Precisamente, por esta capacidad de modulación de la respuesta inmunológica, el omega-3 tiene capacidad antiinflamatoria, al reducir la producción de citoquinas que sí son generadoras de inflamación sistémica.

Además, es capaz de frenar o, al menos, menguar el estrés oxidativo, tanto del ADN, como de los lípidos y las proteínas

Cuidar el corazón gracias al omega-3

Ya en el 1998, Albert et al. demostró científicamente que consumir regularmente pescado con altos niveles de omega-3 reduce el riesgo de padecer algún tipo de enfermedad cardiovascular. Veamos de manera concreta qué capacidades del omega-3 permiten que tengamos un correcto funcionamiento de nuestro corazón:

  • Buenos niveles de este ácido graso ayudan a controlar el colesterol «malo», uno de los parámetros más temidos en las analíticas.
  • Se ha demostrado la capacidad del omega-3 para reducir la trigliceridemia, porque consigue reducir la producción de triglicéridos. De hecho, la National Lipid Association (NLA) recomienda una suplementación con omega-3 como primera opción de tratamiento para pacientes con unos niveles de triglicéridos por encima de los 500 mg/dL. Además, lo sugiere también como tratamiento coadyuvante en casos de personas que toman estatinas y que tienen niveles de triglicéridos entre 200 y 499 mg/dL. A esta recomendación se suma la Asociación Americana del Corazón, que aconseja una suplementación de 2 a 4 gramos al día para pacientes en situación de trigliceridemia.
  • Otra dos cuestiones asociadas a la salud cardiovascular son la presión arterial y la frecuencia cardíaca. La misma asociación científica americana que citábamos antes sugiere que podría ser de ayuda una suplementación de omega-3 de 1 gramo al día para pacientes con enfermedades cardiovasculares y para prevenir arritmias.

Por supuesto, estas recomendaciones de suplementos siempre deben ir unidas a unos hábitos de vida saludables, que son fundamentales en lo que respecta al riesgo de enfermedades cardiovasculares y que son un seguro de vida gratuito para nuestro corazón: mantenerse en un nivel correcto de peso, hacer ejercicio frecuente, llevar una alimentación prebiótica y antiinflamatoria, no fumar…

El DHA, elemento imprescindible en la salud ocular

Es mucha la literatura científica que ha demostrado la influencia que tiene el omega-3 en la maduración correcta y en el buen funcionamiento de nuestros ojos. Y esa afirmación no es baladí y es que el 60% de los ácidos grasos presentes en nuestras retinas son de tipo DHA, uno de los ácidos, junto con el EPA, que derivan del ALA (ácido alfa-linolénico).

Por eso, los expertos recomiendan consumir alta cantidad de omega-3 (incluso en momentos de temperaturas extremas, como los de la ola de frío que estamos viviendo en España en estos días) para proteger nuestros ojos y así facilitar la supervivencia de los niveles de DHA presentes en ellos.

Un componente predominante a nivel cerebral

El DHA también es uno de los componentes predominantes de nuestro cerebro y un elemento fundamental de las membranas neuronales. Es más, es en él donde se concentra el 30% de nuestros niveles totales de DHA de nuestro cuerpo.

Por ello, diversos estudios científicos han demostrado la capacidad del omega-3 para mejorar la atención la atención, el rendimiento y la conducta en la etapa de crecimiento, cuando los niños empiezan a desarrollarse hasta que llega la adolescencia y la época adulta.

Pero no solo eso. En momentos de debilidad neurológica, más asociados a la avanzada edad, el omega-3 también ha evidenciado ayudar a proteger frente a las pérdidas de memoria.

El omega-3 y su papel en la fertilidad, el embarazo y la lactancia

Según la literatura científica disponible, el omega-3 también ejerce diversos beneficios en el momento en el que una pareja quiere concebir un hijo. También el estado de la microbiota a nivel general será clave en la fertilidad, tal y como explicó la Dra. Susan Judas en nuestro #NBlog. En este sentido, se ha demostrado que unos correctos niveles de este ácido graso esencial:

  • Benefician la calidad del esperma, mejorando significativamente su movilidad y aumentan así las posibilidades de concebir
  • Aumentan el flujo sanguíneo uterino al promover los eicosanoides antiinflamatorios y vasodilatadores presentes en el omega-3, frente a los proinflamatorios y vasoconstrictores de las grasas omega-6
  • Tal y como mencionábamos antes en los capítulos sobre la influencia del omega-3 en el cerebro y la salud ocular, su presencia ayuda al desarrollo neuronal y visual del feto proporcionando a la embarazada el DHA necesario
  • Durante la lactancia, también hay un consumo de DHA extra por parte de la madre, por lo que una correcta suplementación ayuda a revertir esa pérdida a mayores

Fortalecimiento del sistema inmune durante el cáncer

Los beneficios del omega-3 están especialmente evidenciados a nivel científico en cánceres de pecho, estómago, páncreas, colon y próstata. Las razones tienen que ver con su capacidad de:

  • Modular la respuesta inmunitaria de las células cancerígenas y la inflamación
  • Ayudar al control metastásico y a refortalecer el sistema inmune
  • Favorecer una mejor tolerancia y eficacia a la quimioterapia

Esa capacidad de incrementar la efectividad de la quimioterapia también se demostró en relación a la composición de la microbiota y a la toma de probióticos que revertiesen la disbiosis presente en estos pacientes.

A fin de cuentas, la salud, tal y como la entendemos desde Nutribiótica y como la ciencia la avala, necesita abordarse desde una perspectiva integral, entendiendo al ser humano como un holobionte (es decir, como un sistema interconectado), en el que todo tiene un impacto entre sí.

Como decíamos al principio, restaurar la disbiosis de la microbiota, recolonizarla con bacterias «buenas» y beneficiosas y revertir el desequilibrio entre omega-3 y omega-6 en nuestro organismo serán estrategias terapéuticas efectivas para ayudar tanto a prevenir el desarrollo de enfermedades como para mejorar el tratamiento de pacientes que ya padecen algún tipo de patología en las que la inflamación y la inmunidad juegan un papel protagonista.

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