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Microbiota y disbiosis

¿Qué aportan los probióticos cuando tomamos antibióticos?

por | Sep 21, 2020 | Destacados, Microbiota y Disbiosis

Historia de los antibióticos

El uso de los antibióticos es tan habitual y natural, que pareciera que llevan “toda la vida” con nosotros. En este artículo, veremos cómo los probióticos tienen un papel en un tratamiento con antibióticos.

Lo cierto es que, hasta hace relativamente poco – si consideramos toda la historia de la humanidad-, morir de una simple herida infectada era un peligro muy real y habitual.

Y si no, que se lo digan a Calvin Coolidge, hijo del trigésimo presidente de los Estados Unidos, que falleció en 1924 siendo muy joven, a raíz de una ampolla en el pie que le desencadenó una septicemia. Ésta le llevó a un destino fatal en apenas unos días sin nada que pudiese evitarlo.

Unos pocos años después se utilizó el primer antibiótico sintético (creado totalmente en un laboratorio, es decir, que no existe en la naturaleza) con éxito, una sulfamida, con el hijo de otro presidente – Roosevelt-, un fármaco del que se había publicado su utilidad apenas un año antes.

Penicilina

Hubo tal jolgorio que aquel éxito eclipsó el descubrimiento aparentemente casi accidental de Alexander Fleming en 1928 – la penicilina, a partir de la observación del hecho de que, en una placa contaminada por un hongo, morían aquellas bacterias que habían contactado con dicho hongo – que ocurría prácticamente de forma simultánea.

Fleming reconoció más tarde que las propiedades antibacterianas de los hongos ya se conocían previamente… pero no se le había prestado atención. De hecho, existían trabajos publicados sobre las propiedades antibióticas del Penicillium por parte de Ernst Duchesne en 1897 y de Vincenzo Tiberio en 1895, ambos prácticamente desconocidos, así como menciones realizadas por Tyndall, Roberts y Lister casi tres décadas antes que éstos.

No podemos tampoco olvidarnos de Clodomiro Picado y Sara Dath. Finalmente, el premio Nobel – y la fama – se lo llevó Fleming junto con los desconocidos Chain y Florey, que purificaron la penicilina para su fabricación industrial.

Por otra parte, la penicilina, al contrario de las sulfamidas, era muy difícil de obtener en grandes cantidades y no se conocía bien el mecanismo de acción. Por ello quedó en segundo plano durante muchos años más, mientras que el trío antibiótico del momento compuesto por Atoxyl, Salvarsán (con un importantísimo papel en el tratamiento de la sífilis) y Prontosyl disfrutaban de su reinado a pesar de los efectos secundarios derivados de su toxicidad, e ignorando la aparición de resistencias.

probióticos antibióticos

Antibióticos naturales

Por otra parte, el primer producto antibacteriano de origen natural fue descubierto por Freudenreich al estudiar la piocianasa, un pigmento azul liberado por la Pseudomonas aeruginosa, capaz de inhibir el crecimiento de otras bacterias.

Sin embargo, el utilizar de una forma más habitual bacterias – vivas – para luchar contra otras bacterias, no se ha empezado a valorar realmente hasta nuestros días, con la utilización de probióticos.

Más tarde se descubrió otro antibiótico natural, proveniente también – al igual que la penicilina y la piocianasa-, de la naturaleza, en este caso de la bacteria Bacillus brevis. Pero aunque era muy eficaz, la tirotricina tenía el problema de ser muy tóxica, por lo que solo se podía utilizar de forma tópica.

Este hallazgo reavivó el interés por la penicilina, ahora sí, invirtiendo esfuerzo en desarrollar técnicas para producirla a gran escala, hecho que se consiguió en 1940, permitiendo su uso de forma masiva en la Segunda Guerra Mundial.

¿Antibióticos en las cuevas?

Pero en realidad la historia de la utilización de los antibióticos es mucho más larga y extensa. Testimonios que han perdurado hasta nuestros días desde restos en cuevas prehistóricas, papiros de la ancestral cultura de oriente próximo y la sabiduría de la antigua medicina china, entre muchos otros, pasando por los días de Galeno y Paracelso, sugieren la utilización de tierra, remedios herbales, cataplasmas y otras sustancias para prevenir infecciones en heridas y curarlas.

Así mismo, infinidad de investigadores, médicos y otros han dejado constancia a lo largo de la historia de la utilización de sustancias para curar enfermedades que ahora conocemos que estaban causadas por bacterias u otros parásitos, como la enfermedad del sueño, el carbunco, los abscesos cutáneos, la fiebre tifoidea y la peste, por mencionar algunos ejemplos.

El descubrir que muchas de estas sustancias provenían de microorganismos del suelo, hizo que se focalizara el interés en ello, siendo el origen del descubrimiento de la estreptomicina a partir del Streptomyces griseus, de la tetraciclina junto con el cloranfenicol y otros derivados del género Actinomyces, de la eritromicina a partir del Streptomyces erythreus proveniente de Filipinas, y de la vancomicina a partir del Streptococcus orientalis existente en la India e Indonesia, por mencionar algunos de los antibióticos que aún perduran hoy en día.

Industrialización de los antibióticos

Pero no fue hasta la industrialización y el poder utilizarlos a gran escala que se abrió una nueva etapa en la historia de la medicina: muertes que antes sucedían sin piedad, ahora cedían ante estas nuevas sustancias.

Hubo tal locura, que la penicilina se empezó a utilizar como remedio para todo en forma de pastillas para la tos, cremas nasales, cosmética y ungüentos, todo de venta libre a pesar de las advertencias sobre la aparición de cepas resistentes (algo que apenas en dos décadas ya se convirtió en un problema grave en las personas hospitalizadas). En ese momento, el mundo occidental creía que la guerra contra las bacterias ya estaba ganada para los restos.

Pero además, se descubrió que los animales de granja que alcanzaban a comer comida contaminada con antibióticos – productos de desechos de sus cultivos -, crecían más que los que comían normal… Ese descubrimiento fue la puntilla del desastre, utilizándose los antibióticos en la industria de la ganadería de forma masiva a partir de los años 60 y llegando a doblar el consumo humano.

Actualmente, esta práctica está prohibida en Europa, pero España sigue siendo uno de los países que más antibióticos consume para la industria ganadera, ya que también se utilizan como prevención y tratamiento de infecciones, algo que cuando se vive hacinado es muy frecuente

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¿Cual es realmente la tasa de fallecimiento por antibióticos?

Estos datos han generado alarma, ya que se ha demostrado que, a mayor consumo de antibióticos (tanto en humanos como en animales), mayores tasas de resistencias bacterianas a ellos. Eso conlleva que cada vez haya más fallecimientos por resistencia a los antibióticos, sumando 30.000 muertes hospitalarias al año por este motivo sólo en Europa, un hecho muy grave, ya que hay poco desarrollo actual de nuevas líneas de los mismos por parte de los laboratorios farmacéuticos. Se calcula que en unas tres décadas, de no poner remedio urgentemente, los fallecimientos por resistencias antibióticas desbancarán al cáncer como primera causa de muerte.

Afortunadamente, desde el año 2014-2015, se puso en marcha un programa de reducción del consumo de antibióticos tanto para personas como para animales de granja y cada año se consigue reducir todavía más la cifra.

Aun así, el consumo es escandalosamente elevado y genera consecuencias que van más allá del enorme problema de las resistencias. Así, el consumo de antibióticos tiene un gran impacto en la microbiota de todo nuestro organismo, y la microbiota tiene relación con prácticamente toda nuestra salud y la herramienta que tenemos para cuidarla son los probióticos.

Uso de antibióticos en España

España posee la tasa de uso per cápita más alta de cualquier país de altos ingresos y la tercera más alta en general con un consumo de más de 700 millones de dosis diarias definidas (DDD) por año, con 40 DDD por cada 1000 habitantes. Contrasta fuertemente con las cifras de los Países Bajos, con un consumo de solo 15 DDD por cada 1000 habitantes.

El 90% de los antibióticos son prescritos desde Atención Primaria para infecciones urinarias, respiratorias y de oído. Sin embargo, más de un 50% de estos tratamientos son incorrectamente prescritos, ya que no es una bacteria la causante de los síntomas o molestias.

Por otra parte, no es algo extraño iniciar síntomas de todo tipo tras un tratamiento antibiótico, especialmente si es un tratamiento prolongado o intravenoso (que suelen ser dosis mayores y por más tiempo que las orales).

No hay que olvidar que los antibióticos no son muy selectivos, y pueden ser de pequeño espectro (cuando su objetivo son unas bacterias con determinadas propiedades), pero es inevitable que en su paso por matar lo malo, maten también mucho de lo bueno, generando disbiosis posterior a su uso. Por eso, valorar el uso de probióticos durante la toma de antibióticos u en otros casos es una opción muy recomendable, como veremos a continuación.

Microbiota y antibióticos

Lo más frecuente, aunque no le pasa a todos los usuarios de antibióticos, ya que la microbiota saludable tiene cierto grado de resiliencia que hace que se acabe recomponiendo con el tiempo, son las alteraciones gastrointestinales.

A muy corto plazo puede aparecer diarrea. Con el tiempo (incluso meses después), algunas personas manifiestan aumento del reflujo gastroesofágico, sensación de hinchazón tras las comidas, aparición de diarrea crónica (asociada o no a Clostridium difficile) o estreñimiento, debut o empeoramiento de enfermedades inflamatorias intestinales e intolerancia a alimentos que antes podían comer sin problemas.

Aun así, un estudio realizado con voluntarios sanos que tomaron antibiótico durante una semana o menos, demostró que los cambios en la microbiota, consistentes en una pérdida muy importante de la diversidad microbiana, así como un aumento de cepas resistentes a antibióticos, duraban de seis meses a dos años.

Los microorganismos de la microbiota coexisten con complejas relaciones entre ellos. Eso significa que un antibiótico al que son sensibles algunas bacterias gram +, por ejemplo, puede acabar reduciendo también la población de otras gram – por la pérdida de las primeras.

Relación entre la microbiota intestinal y los demás órganos

Por si fuera poco, sabemos que una microbiota intestinal alterada puede tener repercusiones en todo el organismo. Se conoce que niños que han sido tratados con antibióticos en la infancia son más propensos a desarrollar asma, alergias y una mayor tendencia a la obesidad.

Ansiedad y depresión, diabetes, e incluso afectaciones neurológicas como Parkinson o Alzheimer… ¿Podrían ser también consecuencias a largo plazo de una disbiosis por un abuso de antibióticos y los probióticos tener un papel en ello?

Se requieren más estudios, pero dada la relación confirmada entre la microbiota y estas afectaciones, no sería descabellado establecer un vínculo. Por supuesto, estas patologías son multifactoriales y se requerirá mucho más que un antibiótico para desarrollarlas.

probióticos antibióticos

Resistencia a los antibióticos

Los antibióticos, sin duda alguna, han salvado miles de vidas. El descubrimiento y la síntesis por parte de la industria farmacéutica de los mismos han marcado un antes y un después en la historia, no solo de la humanidad, sino también en la vida de los animales que nos acompañan.

Pero, como se suele decir, “lo bueno, si es breve, dos veces bueno”. Las propiedades atribuidas a los antibióticos han hecho que se popularizara tanto su utilización que se llegó al abuso, tanto por parte de particulares – antes, los antibióticos eran de venta libre en las farmacias – como por parte de los facultativos sanitarios que, ante cualquier infección – aunque sugiriera una infección vírica – la cubrían con antibióticos con un “por si acaso”.

¿Por qué se llegó a esa situación? Por una parte debido a desinformación, a la creencia popular de que los antibióticos sirven para todas las infecciones, cuando la mayoría son de orígen vírico y ningún antibiótico sirve para los vírus.

Las infecciones víricas se suelen curar aproximadamente en una semana, por lo que si se daba antibiótico parecía que la mejoría venía por ello y no por el proceso natural de curación. Recordemos otra frase popular: “la gripe se cura en una semana con tratamiento antibiótico y en siete días, sin”.

Y por último, no hay que obviar la presión asistencial. Cuando una persona insiste en que su infección no se cura sin antibiótico, sólo una fuerte relación médico-paciente puede desmontarlo, esto se construye con el tiempo y con la confianza… algo de lo que no siempre dispone nuestro sistema de salud.

En resumen, cuando es necesario, hay que tomarlos y no hacerlo puede conllevar a una situación de gravedad que puede volverse irreversible.

Antibióticos y probióticos

Pero hay múltiples estudios que han ensayado alternativas a los antibióticos para ciertas situaciones, utilizando – entre otras herramientas – probióticos como nueva arma contra los patógenos en infecciones leves, que son las más comunes.

Algunas de estas patologías son las infecciones urinarias, las otitis en niños y gastroenteritis por diferentes entidades, como la Salmonella.

Incluso se han realizado ensayos en infecciones graves como las producidas por Staphylococcus aureus y Pseudomonas aeruginosa, dos bacterias muy temidas por sus grandes resistencias, con buenos resultados. En un ensayo en concreto se realizó una microencapsulación de los probióticos (son los llamados de tercera generación) para que pudieran resistir la acción de los antibióticos al ser administrados a la misma vez. Se logró erradicar por completo a ambas bacterias.

En España e Italia contamos con probióticos de cuarta generación, como por ejemplo Enterelle, que contiene cepas que son resistentes a la mayoría de los antibióticos. Gracias a esa propiedad, es uno de los probióticos ideal para tomar conjuntamente con el tratamiento con antibióticos, con el objetivo de atenuar o prevenir las complicaciones derivadas de los mismos, como la diarrea y la disbiosis postantibiótica, así como disminuir el riesgo de infección por Clostridium difficile.

También se ha estudiado la utilización de probióticos como coadyuvante en el tratamiento conjunto con los antibióticos para potenciar el efecto beneficioso de ambos. Actualmente se utiliza, por ejemplo, en el tratamiento erradicador del Helicobacter pylori.

¿Sirven todos los probióticos en terapia con antibióticos?

No, los probióticos no son todos iguales.

Las propiedades que hacen que un probiótico pueda ser útil como prevención o tratamiento de una infección son los mismos que para cualquier otro tratamiento de microbioterapia, y son al menos cuatro: que puedan resistir el ácido del tracto gastrointestinal, que tengan la capacidad de implantarse en la zona donde han de hacerlo, que lleguen vivos a ese lugar y en cantidad suficiente, y que tengan afinidad por el epitelio del huésped para que el efecto sea persistente en el tiempo.

Utilizar un probiótico que no cumple esas condiciones puede ser útil mientras se toma, pero el efecto rápidamente se perderá por el wc – y con ello, nuestro dinero – ya que esas bacterias no se quedarán formando parte de la microbiota.

Por otra parte, los tratamientos de probióticos de unos pocos días pueden ser útiles para algo muy agudo, como frenar una diarrea asociada a los antibióticos, pero tampoco logran un cambio significativo en nuestra microbiota. Los tratamientos recomendables suelen ser de varias semanas, idealmente incluso varios meses, para tener un efecto de moldeado de nuestra microbiota. Esto es algo muy importante y a tener en cuenta si se quiere lograr un efecto a medio o largo plazo.

Además, para cada situación hay que utilizar las cepas adecuadas según el efecto que se busca: no daremos el mismo probiótico para una disbiosis oral que una vaginal, por ejemplo.

probioticos antibioticos

Mecanismos de los probióticos para suplir o coadyuvar a los antibióticos

  • Competición: cuando se implantan unas especies de microorganismos, no se deja espacio físico ni recursos para otros que intentan ocupar el mismo nicho ecológico.

  • Bacteriocinas: sustancias que secretan las bacterias probióticas que atacan directamente a otras bacterias y las eliminan.

  • Proteasas: que son capaces de desactivar toxinas bacterianas, como las del Clostridium difficile.

  • Por estimulación del sistema inmune: se ha demostrado que los probióticos pueden actuar positivamente en células del sistema inmune, como en los linfocitos NK y macrófagos, así como disminuir citoquinas inflamatorias como la IL-6 o el TNF-α. Esto logra que el propio organismo sea más eficiente luchando contra la infección.

  • Mediante síntesis de ácidos grasos de cadena corta que favorecen dichas funciones inmunológicas y antiinflamatorias

  • Establecimiento de un buen ambiente para que otros microorganismos beneficiosos puedan crecer

  • Mediante la modificación del pH (en boca y vagina), para evitar que otros microorganismos proliferen

  • Mediante la inhibición de los eventos inducidos por los LPS, que son lipopolisacáridos que se encuentran en la cubierta de un tipo de bacterias y que actúan como un marcador, contra los que nuestro organismo lucha y se inflama en el camino.

  • Impidiendo la adhesión al epitelio de microorganismos con capacidad patógena

Cómo utilizar los probióticos como coadyuvantes en las infecciones

El profesional médico es el que debe decidir si, en cada caso particular, la situación requiere de la toma de un antibiótico o no. Si es así, puede ser útil ingerir una cápsula de Enterelle Plus junto con cada toma de antibiótico durante el tiempo que dure éste, para disminuir los efectos secundarios.

Si ya se ha terminado el tratamiento, se pueden tomar dos cápsulas diarias de Enterelle Plus durante dos semanas, para disminuir la carga de microorganismos oportunistas.

Por otro lado si se decide que se puede probar con un tratamiento no farmacológico, este ha de ser individualizado para cada persona, pero las infecciones vaginales y de orina de repetición son dos ejemplos en los que puede en muchos casos evitarse el uso de antibióticos. Incluso, en estas situaciones, el uso de probióticos ayuda a restaurar el equilibrio perdido que hace que precisamente haya propensión a esas infecciones.

Y no olvidemos que los probióticos también pueden ayudar a que otros tratamientos funcionen mejor, como en la erradicación del Helicobacter pylori. En este caso, Pilorex ha demostrado ser muy útil para mejorar la sintomatología asociada.

En definitiva, los antibióticos son muy necesarios, tanto que se ha de reservar su uso al máximo para que siempre podamos disponer de esas “balas mágicas”, como se los llamó en su momento.

Todos tenemos la responsabilidad de ello, tanto profesionales sanitarios como usuarios, y el uso de probióticos es una alternativa no solo útil, sino con efectos beneficiosos que van más allá de evitar esa infección.

Cuidar nuestra microbiota es, con todo lo que sabemos ya de ella (muy poquito en realidad, imagina todo lo que nos queda por descubrir) un imperativo para tener una vida sana y un envejecimiento en plena forma.

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Graduada en Medicina por la Universidad Autónoma de Barcelona. Actualmente ejerce en la sanidad pública, mientras realiza la especialización en Medicina Familiar y Comunitaria.

Se encuentra actualizándose continuamente en el apasionante rol de la nutrición, el estilo de vida y la microbiota tanto en la salud como en la enfermedad humana, así como en sus aplicaciones prácticas en las patologías más comunes, dolencias crónicas y autoinmunidad desde el punto de vista de la medicina evolutiva.

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