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¿Qué es la microbiota vaginal? Uso de probióticos

microbiota vaginal

Como en cada parte del cuerpo, en la vagina también encontramos microorganismos específicos adaptados a esa zona. Un gran porcentaje de mujeres sufren alguna alteración de la microbiota vaginal en algún momento de su vida, en especial en la edad reproductiva.

En este artículo vamos a ver las funciones de la microbiota vaginal, qué consecuencias tiene una disbiosis en esta zona y cómo usar los probióticos vaginales para devolver el equilibrio a la salud femenina.

¿Qué es la microbiota vaginal?

La microbiota vaginal es el conjunto de microorganismos que habitan en la vagina. Y es que cada parte del cuerpo tiene su propia microbiota, por las diferentes condiciones de ambiente, pH, nutrientes y presencia de otros microorganismos.

La microbiota vaginal (antiguamente conocida como “flora” vaginal) es un ecosistema complejo y dinámico de más de 200 especies bacterianas influenciadas a su vez por la genética, el origen étnico y factores ambientales y conductuales. La microbiota desempeña un papel fundamental en la salud vaginal de la mujer, regulando el pH, protegiendo contra patógenos y manteniendo un ambiente adecuado para la reproducción saludable de células y tejidos. Su descubridor fue el ginecólogo alemán Albert Döderlein en 1892, por lo que los lactobacilos de Döderlein llevan su nombre.

La microbiota vaginal está compuesta principalmente por bacterias vaginales, la mayoría Lactobacillus en mujeres europeas (como Lactobacillus crispatus, iners, gasseri o jensenii), pero también por hongos, virus y protozoos, como el resto de las microbiotas del cuerpo. El 88% de las especies de la microbiota vaginal pertenecen a estos géneros: Lactobacillus, Prevotella, y Gardnerella. No existe una microbiota vaginal “tipo” sino que varía en cada mujer, con la genética, con la edad e incluso con la fase del ciclo menstrual.

Sin embargo, para que sea saludable, la microbiota vaginal no debe tener una alta diversidad (como ocurre en el intestino), sino que debe mantener una baja diversidad para favorecer la presencia de los Lactobacillus y con ellos, un bajo pH vaginal. Si estos Lactobacillus no son los mayoritarios, otros microorganismos ácido-lácticos pueden desempeñar ese papel para mantener el pH ácido (entre 3.8 y 4.5).

¿Cuándo llega la microbiota por primera vez al recién nacido? ¿Es a través del canal del parto de la madre? ¿O ya encontramos microbiota en el feto?

En el momento del parto, la microbiota vaginal materna coloniza al recién nacido, siendo el parto vaginal el preferido para una correcta implantación de la microbiota del bebé. Si bien antes se pensaba que el útero era estéril y esta era la única forma de colonización, hoy sabemos que la microbiota ya se encuentra colonizando el líquido amniótico en el feto en gestación. Si el parto es por cesárea, se han visto buenos resultados si se impregna al bebé con fluidos de la microbiota vaginal (lo que se llama “siembra vaginal”), aunque aún no se realiza esta técnica en hospitales porque han de analizar si la microbiota vaginal está sana y no contiene patógenos previamente.

No solamente el tipo de parto afecta a la microbiota del recién nacido, también el lugar de nacimiento, los medicamentos de uso habitual que tome la madre (no solo antibióticos, sino también IBPs), el tiempo de lactancia materna y modo de destete.

 Los factores que influyen en la microbiota vaginal son:

  • Factores de alimentación y estilo de vida (ejercicio, estrés…).
  • Situaciones fisiológicas y cambios hormonales como en el embarazo, lactancia o ciclo menstrual.
  • Toma de fármacos como antibióticos o métodos anticonceptivos.
  • Comportamiento sexual y uso de sustancias como lubricantes o espermicidas.
  • Uso de jabones, desodorantes, compresas y otros productos de cosmética e higiene femenina.

Funciones de la microbiota vaginal

Al igual que en otras partes del cuerpo, la función de la microbiota vaginal es:

  • Ser la primera línea de defensa para protegernos de patógenos, mediante la inhibición de la adhesión del patógeno, competencia por espacio y nutrientes, producción de bacteriocinas, ácido láctico y otras sustancias antimicrobianas como peróxido de hidrógeno.
  • Mantiene y regula el pH, el epitelio vaginal y el moco.
  • Apoyan el sistema inmunitario vaginal, tanto innato como adaptativo.
  • Tienen efectos antioxidantes y antibiofilm.
  • Cuidan de una fertilidad, embarazo y parto normal.

Disbiosis vaginal. ¿Qué consecuencias tiene?

La disbiosis vaginal puede ser una infección bacteriana vaginal (vaginosis) o puede ser una infección fúngica (como la candidiasis de forma típica, aunque no de forma exclusiva). Estas infecciones causan vaginitis (inflamación de la vagina) y para diferenciarlas deberemos hacer un cultivo vaginal. Aparte de estas infecciones, tenemos también las infecciones por patógenos comunes de transmisión sexual.

Cuando se ocasiona un desequilibrio por diversas causas, sobrecrecen especies anaerobias como Gardnerella vaginalis o Atopobium vaginae, u hongos como la cándida, generando vaginosis o candidiasis respectivamente, causando ese malestar y sintomatología como flujo vaginal raro, con fuerte olor, aspecto espeso o blanco, picor y/o dolor.

En la mujer, por su anatomía, la vagina se encuentra más cerca del tracto urinario, por lo que las infecciones del tracto urinario (ITU) también pueden ser compartidas por infecciones y disbiosis vaginales.

Igualmente, en la mujer también está más cerca el final del tracto digestivo, por lo que las bacterias pueden “viajar” hasta la vagina, siendo esta translocación de bacterias del intestino a la vagina (y a la uretra) una de las posibles causas de disbiosis vaginal (y de ITUs). Igualmente, se sugiere que este “viaje” pueden hacerlo también las bacterias y microorganismos beneficiosos, siendo el uso de probióticos orales una forma de proteger de la disbiosis vaginal.

Por otra parte, sabemos que lo ocurre a nivel intestinal tiene un gran impacto en la salud general, que la microbiota intestinal puede modificar los niveles de hormonas como los estrógenos, y que una permeabilidad intestinal puede hacer que los microorganismos se transloquen. Por eso, muchos probióticos para la vagina son orales, aunque también pueden existir en forma tópica para una aplicación directa.

La disbiosis en los sistemas genitourinario y gastrointestinal pueden promover cambios fisiológicos que desencadenan procesos inflamatorios e inmunitarios y desregulación hormonal, lo cual puede estar vinculado a otros problemas como es la endometriosis. En la salud de la mujer, influye tanto la microbiota como el estroboloma, que es el conjunto de genes de la microbiota intestinal que codifican enzimas metabolizadoras de estrógenos, por lo tanto, la microbiota intestinal influye en los niveles de estrógenos y en su excreción. El estroboloma y la hipótesis del glucógeno-estrógeno proporcionan una vía potencial que vincula los microbiomas intestinal y vaginal a través de la señalización estrogénica.

El endoboloma se refiere a los genes y vías de la microbiota intestinal involucrados en el metabolismo de hormonas esteroides (incluido el estrógeno) pero también del metabolismo de disruptores endocrinos. Los disruptores endocrinos se definen como “sustancias químicas exógenas que interfieren con la síntesis, secreción, metabolismo, actividad de unión o eliminación de hormonas naturales presentes en la sangre y que son responsables de la homeostasis, la reproducción y la función del desarrollo” e incluyen desde fitoestrógenos naturales hasta sustancias tóxicas como plásticos y pesticidas. Así que una microbiota saludable nos ayudará también a detoxificar disruptores endocrinos.

Por lo tanto, vemos que la salud de la microbiota intestinal influye en la genitourinaria, y al revés.

Resumiendo, las consecuencias de una disbiosis vaginal, aparte de los síntomas molestos, pueden ser:

  • Mayor riesgo de infecciones, tanto vaginales como digestivas y urinarias.
  • Trastornos hormonales y metabólicos como el síndrome de ovario poliquístico (SOP), infertilidad inexplicada, obesidad o cáncer de endometrio.
  • Alteraciones en la salud cerebral, como manifestaciones de ansiedad y depresión, por el eje microbiota-intestino-cerebro.

Candidiasis

La candidiasis vaginal es una infección fúngica común causada por el crecimiento excesivo del hongo Candida albicans en la vagina y que llega a afectar a ¾ partes de todas las mujeres en edad reproductiva. Los síntomas pueden incluir picazón, ardor, flujo vaginal anormal de olor blanquecino y dolor durante las relaciones sexuales.

La disbiosis vaginal, especialmente la reducción de los niveles de Lactobacillus puede predisponer a las mujeres a la candidiasis vaginal. El tratamiento generalmente implica antifúngicos tópicos, pero estos medicamentos no solucionan la disbiosis de base, que deberemos tratar con probiótico vaginal y oral para evitar las recurrencias.

El mejor probiótico para candidiasis es Saccharomyces boulardii, pero ¿cuánto tiempo tomar probióticos para candidiasis? Los estudios indican que un mes sería el tiempo mínimo para que el probiótico tenga tiempo de actuar, aunque siempre será el profesional de la salud el que indique los tiempos del tratamiento de los probióticos en la mujer.

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También se ha visto que otras cepas como L. plantarum LPK y Bifidobacterium animalis, inhibieron el crecimiento de C. albicans, al mismo tiempo que estimulaban la inmunidad de la mucosa vaginal y sistémica y proporcionaban competencia de nutrientes.

Endometriosis

La endometriosis se caracteriza por el crecimiento anormal del tejido similar al revestimiento del útero, llamado endometrio, fuera de la cavidad uterina. Este tejido puede encontrarse en los ovarios, las trompas de Falopio, el intestino u otros órganos pélvicos, o incluso más allá en órganos como el pulmón. Su presencia fuera de lugar desencadena una serie de síntomas dolorosos y muchos problemas de salud, como fuertes dolores menstruales, dolor pélvico persistente, infertilidad, síntomas digestivos o dolores de espalda, afectando a la calidad de vida de las mujeres que lo sufren.

La endometriosis puede afectar a un 6-10% de las mujeres en edad reproductiva, su diagnóstico es complicado y a menudo conlleva años de peregrinaje de la mujer. Se realiza mediante biopsias del tejido donde se ve una elevada carga inflamatoria, por lo que en la endometriosis están implicados tanto factores hormonales como inmunológicos y metabólicos.

Investigaciones recientes demuestran que la disbiosis vaginal está asociada con un mayor riesgo de desarrollar endometriosis, generando esta disbiosis una mayor respuesta inflamatoria crónica que favorece el crecimiento del tejido endometrial.

Esta desregulación microbiana e inmunitaria puede progresar hacia un estado crónico de inflamación, creando un ambiente ideal para una mayor adhesión y angiogénesis, lo que puede impulsar el ciclo vicioso del inicio y progresión de la endometriosis. Estudios recientes han demostrado tanto la capacidad de la endometriosis para inducir cambios en la microbiota, como la capacidad de los probióticos para tratar la endometriosis. 

En las muestras de tejidos endometriales de mujeres fértiles y sanas, Lactobacillus era el género más abundante (71.1%), seguido por Gardnerella, Bifidobacterium, Streptococcus y Prevotella, por lo que se ha visto que aportar estos Lactobacillus puede ayudar, e incluso aportar niveles adecuados de vitamina D, que mejora tanto la microbiota como los niveles de inflamación.

disbiosis

Probióticos vaginales

¿Para qué sirven los probióticos en la mujer? Los estudios demuestran que los probióticos son efectivos para prevenir infecciones vaginales, como la vaginosis bacteriana y la candidiasis, así como para aliviar los síntomas asociados.

Como veíamos, los Lactobacillus son las bacterias predominantes en la microbiota de una mujer saludable en periodo fértil. Una de las cepas más usadas y presente en la microbiota vaginal es Lactobacillus crispatus, que ha demostrado ayudar contra infecciones como Bacteroides fragilis, E. coli, G. vaginalis, Mobiluncus spp., N. gonorrhoeae, Peptostreptococcus anaerobius, P. bibia, y S. aureus.

L. crispatus puede reducir el riesgo de vaginosis bacteriana y candidiasis vaginal recurrente y también reduce las infecciones recurrentes del tracto genitourinario (ITUs).

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Es importante tener en cuenta que no todos los probióticos son iguales, y la efectividad varía según la cepa específica y la formulación del producto. Los probióticos vaginales están disponibles en varias formas, incluidas cápsulas, óvulos y cremas, y por eso pueden ser utilizados de manera oral o tópica.

Los probióticos destinados a la vagina pueden tomarse de forma oral y son eficaces por varios mecanismos como los anteriormente descritos. Se ha visto que cuando se toman probióticos orales, se recuperan en la vagina, y que la microbiota del recto ayuda a mantener también la vaginal.

Los lactobacilos predominantes en la vagina de mujeres sanas incluyen cuatro especies principales, L. crispatus, L. iners, L. jensenii y L. gasseri, y en menor medida, L. acidophilus, L. ruminis, L. rhamnosus y L. vaginalis. 

Por lo que otras cepas interesantes a utilizar son L. jensenii KS121.1, Lactobacillus rhamnosus LR32 y GR-1 y Lactobacillus reuteri RC-14. Estas cepas se han asociado con la prevención y el tratamiento eficaz de la vaginosis bacteriana y la candidiasis vaginal recurrente en varios ensayos clínicos. Se ha visto que administrar estas cepas es más eficaz que usar metronidazol (88% de eficacia de los probióticos frente al 40% del antibiótico, también comprobado con tinidazol).

Respecto a la fertilidad, se ha encontrado que ciertas cepas probióticas apoyan la implantación de un óvulo fecundado en procesos de fertilidad in vitro para mujeres. En particular, los lactobacilos han demostrado aumentar la colonización de bacterias beneficiosas en la vagina, reduciendo el riesgo de infecciones urogenitales y mejorando las tasas de fertilidad, siendo Lactobacillus rhamnosus, Lactobacillus plantarum y Lactobacillus crispatus las cepas más interesantes.

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Conclusión

Hay evidencia de que una microbiota disbiótica en el intestino o en el tracto urogenital está asociada con múltiples condiciones ginecológicas, no solo con desequilibrios como la candidiasis, sino con situaciones como la endometriosis y la infertilidad. Estos microbiomas también juegan un papel en el eje intestino-cerebro, lo que respalda una asociación con el espectro de síntomas cerebrales asociados con las disbiosis vaginales.

El mantenimiento de la microbiota vaginal en eubiosis es fundamental para la salud urogenital. En especial, los lactobacilos mantienen en pH y producen agentes antimicrobianos que previenen infecciones. Frente al abuso de antibióticos y la aparición de cepas resistentes, los probióticos han demostrado ser eficaces y seguros para tratar y prevenir infecciones urogenitales, disbiosis vaginales y otras situaciones en la salud de la mujer.

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