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Desde Nutribiótica entendemos que la microbiota es amplia y compleja, por ello hemos creado esta sección. Está especialmente destinada a todos aquellos que quieren entender un poco mejor como nos ayudan estos pequeños amigos a mantener o recuperar nuestro estado de salud.

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Saccharomyces cerevisiae

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Los hongos son diferentes a las bacterias. El tamaño de sus células es mucho mayor (unas 5 o hasta 10 veces), al igual que su complejidad. Pertenecen al dominio de las Eucariotas, igual que las células humanas. Son resistentes a antibióticos, y sólo hay una especie que se utiliza como probiótico, el S. boulardii.

Lleva prácticamente un siglo siendo estudiada, por lo que se conocen muchas de sus características y beneficios, donde algunas de ellas son:

  • Su resistencia: es altamente resistente a diferente pH (ácido o alcalino), temperatura y sales biliares.
  • Su actividad microbicida; nos protege frente a infecciones de diferentes formas:
    • Es capaz de acidificar el medio donde vive, lo que mantiene a raya muchos microorganismos infecciosos.
    • Estimula la síntesis de IgA, que es un tipo de anticuerpo.
    • Se une a patógenos y bloquea su capacidad de adhesión al epitelio intestinal.
    • Sintetiza péptidos antimicrobianos, que funcionan como antibióticos.
    • Modula positivamente la respuesta inmune, optimizando sus funciones.
    • Sus betaglucanos, presentes en la membrana, protegen del estrés oxidativo y de los radicales libres (actúan como antioxidantes), e incluso inhiben el crecimiento de células cancerígenas.
    • Aumenta la producción de butirato, que además de tener un efecto antimicrobiano, también es antidiarreico.
  • Efecto nutricional: es capaz de estimular la liberación de enzimas digestivas como la sucrasa, lactasa o maltasa, entre otros. Esto es de utilidad en pacientes con intolerancias, mejorando su digestibilidad.

Cabe destacar que entre cepas de S. boulardii existe poca diferencia genética, con lo que las funciones entre distintas cepas son muy similares. Esto se debe a que el nombre de S. boulardii es en realidad Saccharomyces cerevisiae sub boulardii, por lo que hablamos de una subespecie (una categoría dentro de la propia especie). Es decir, ‘boulardii’ podría considerarse como una cepa.

Sus beneficios han sido probados en distintas patologías:

  • Se conoce la capacidad de S. boulardii para contrarrestar el sobrecrecimiento o infección por H. pylori.
  • Asocia a la toma de antibiótico protege ante la aparición de diarreas, siendo el microorganismo con mayor porcentaje de eliminación de E. coli y C. difficile. También mejora síntomas de diarrea vírica.
  • Ha demostrado ser de utilidad frente a candidiasis, ya que su capacidad para acidificar el pH, inhibe la formación de hifas de Candida, disminuyendo tanto la adherencia, como la formación de biofilms por parte de este hongo.
  • Mejora los síntomas de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal, como la hinchazón, dolor abdominal o cambios en la frecuencia de deposiciones.

Junto con otras cepas, como LA-14 o LC-11 fue probada en humanos con obesidad, consiguiendo modificar ciertos filos clave en la salud y metabolismo de estos pacientes, como la ratio Firmicutes/Bacteroidetes, aumentando además la proporción de Verrucomicrobia (como el caso de Akkermansia).

En un estudio sobre pacientes con artritis reumatoide, se les administró esta cepa junto a otras, como LA-14, LC-11, BL04 durante 2 meses. Se observó que en el grupo que tomó probióticos se redujeron ciertos marcadores inmunológicos que indican inflamación, contribuyendo a mejorar los síntomas.

Es una cepa ampliamente estudiada, con una excelente capacidad de adherencia por el epitelio intestinal, capacidad inmunomoduladora y antiinflamatoria. Por lo tanto, es útil contra patologías como el eczema. De 30 cepas estudiadas, la BGN4 fue la que mostró mejores capacidades antiproliferativas y antiinflamatorias, concretamente en el caso de cáncer de colon. Por ello, también es de utilidad en el tratamiento de Enfermedades Inflamatorias Intestinales.

Tiene un efecto antiobesogénico, ya que en estudios con pacientes obesos mejoró marcadores metabólicos, contribuyó a la bajada de peso y a un aumento de Akkermansia. También tiene efectos positivos sobre la función intestinal por su capacidad para ayudar a controlar los gases, el dolor abdominal y la frecuencia de deposiciones.

Modula el sistema inmune ejerciendo un efecto antiinflamatorio, con efectos positivos en patologías como la colitis o la alergia respiratoria.

Es un microorganismo clave en el ecosistema intestinal, modulando el metabolismo microbiano y contribuyendo a la homeostasis intestinal. Tiene múltiples beneficios sobre la salud humana, como el mantenimiento de la integridad del epitelio, protección frente a infecciones, inmunomodulación, protección frente a aterosclerosis, efecto antialergénico, y alivio de los trastornos gastrointestinales.

Efecto inmunomodulador, atenúa el estado de inmunosupresión dada por el ejercicio intenso.

Actividad antivírica contra rotavirus, agentes causantes de gastroenteritis.

No patógeno. Tiene una velocidad de crecimiento exponencial, que desplaza patógenos mediante mecanismos de opresión numérica.

Esta cepa contrarresta ciertos patógenos, como H.pylori, y además ha demostrado tener efectos antiinflamatorios.

Es una cepa muy resistente, tanto que incluso puede sobrevivir en el pH ácido del estómago y se puede acompañar a la toma de muchos antibióticos. Además, ha demostrado contrarrestar a H. pylori en estudios in vitro.

Cepa de la especie L. casei, conocida por su potencial inmunomodulador.

Estudiada por su capacidad antioxidante, y protectora del hígado ante el consumo de alcohol.

Es, junto al género Lactobacillus, uno de los más estudiados y empleados como probióticos, dadas sus importantes funciones y seguridad.

Los beneficios de las bifidobacterias están ampliamente descritos, tanto a nivel intestinal como extraintestinal. Entre otras sustancias beneficiosas, producen ácidos grasos de cadena corta (como el acetato y lactato), bacteriocinas (con efecto antimicrobiano) y acido linoleico conjugado (conocido por sus siglas en inglés, CLA).

Según la edad en la que nos encontremos, las bifidobacterias pueden suponer un porcentaje diferente de la microbiota. En niños recién nacidos, las bifidobacterias llegan a suponer un 90% de la microbiota total del bebé, especialmente las especies B. lactis, B. longum y B. bifidum. En adultos y población de edad avanzada, B. longum parece ser la especie más representativa. En adultos esta cantidad disminuye, pero se mantiene más o menos estable en individuos sanos durante esta etapa. En edad avanzada, el número de bifidobacterias disminuye considerablemente. Dado que se ha comprobado que en cententarios y supercentenarios el número de bifidobacterias es más elevado, se asocian con una mayor longevidad y envejecimiento saludable.

Estas bacterias se transfieren de madre a bebés a través de diferentes vías (tracto vaginal y gastrointestinal, aunque principalmente a través de la leche materna). Los niños prematuros tienen menores niveles de bifidobacterias, al igual que los niños nacidos por cesárea. Niveles adecuados de bifidobacterias en niños se asocian con un correcto desarrollo inmunológico, neurológico y gastrointestinal. Esto ayuda a prevenir patologías como alergias, trastornos del neurodesarrollo o cólicos del lactante.

Debido al extendido uso de antibióticos, se modifica profundamente la cantidad de bifidobacterias

Bifidobacterias en enfermedades

Si no se incluyen en la dieta carbohidratos fermentables suficientes o se consumen antibióticos u otros fármacos, puede verse notablemente afectada la cantidad de bifidobacterias presentes en nuestra microbiota.

Estos niveles más bajos de bifidobacterias se vinculan a diferentes patologías y trastornos, como el sobrepeso o las alergias. Es el caso de niños obesos y en mujeres con una ganancia de peso elevada durante el embarazo, así como en sus bebés. También aparecen disminuidas en pacientes con enfermedades respiratorias como alergias y asma. La especie B. longum se encuentra en mayores cantidades en niños sanos que en niños con alguna patología alérgica, por lo que puede ser una especie de utilidad en su prevención y tratamiento. Otras especies, como B. bifidum y B. longum han demostrado estimular la inmunidad sistémica e intestinal, por lo que pueden ser de utilidad en niños con patologías como celiaquía, diarrea, cólicos, infecciones o enterocolitis necrotizante.

En pacientes adultos con Síndrome de Intestino Irritable (SII) también existen menores niveles de bifidobacterias, donde B. longum ha demostrado además efectos ansiolíticos, lo cual puede ser de utilidad a la hora de mejorar síntomas y prevenir brotes. En enfermedades como la fibrosis quística, hepatitis B, diabetes tipo I y II además de en infecciones por Clostridium difficile, los niveles de bifidobacterias también son menores.

En ancianos, su uso ha sido muy extendido para infecciones a nivel intestinal y respiratorio. También han demostrado disminuir los niveles de colesterol total y LDL.

L. jensenii forma parte de la flora de Döderlein, bacilos protectores de la microbiota genitourinaria. Produce jenseninas, bacteriocinas con un efecto microbicida, manteniendo a raya patógenos y protegiendo frente a infecciones frente a E.coli y G.vaginalis.

Los lactobacilos reciben su nombre por su capacidad de generar ácido láctico a partir de carbohidratos, y por su forma de bacilo (bastón). Han sido utilizadas tradicionalmente en la industria por su capacidad de fermentación, lo que pone de manifiesto su inocuidad. Y es que la divergencia de las cepas comenzó hace unos 10 mil años, coincidiendo con el comienzo de la fermentación de lácteos. Por ello se conoce que estos microorganismos llevan conviviendo con nosotros desde entonces. Los lactobacilos no sólo no producen infecciones, sino que además nos protegen de ellas. Un ejemplo son los lactobacilos de Döderlein, que conforman la microbiota normal de la vagina.

Además, en el intestino, tienen múltiples beneficios como probióticos:

  • Contrarrestan patógenos a través de la secreción de sustancias como las bacteriocinas, el ácido láctico, el peróxido de hidrógeno y los ácidos grasos de cadena corta.
  • Protegen la integridad de la barrera intestinal.
  • Modulan el sistema inmune: en concreto las especies L. casei, L. paracasei y L. rhamnosus

Gracias a su capacidad de mantener diferentes tejidos en condiciones óptimas y a su efecto inmunomodulador, han demostrado utilidad en diversas patologías, como las ligadas a la piel, alergias, vías respiratorias, gastroenteritis viral y como hemos comentado, a nivel vaginal o genitourinario.

La disminución de lactobacilos a nivel intestinal se asocia por tanto a diferentes patologías, como las Enfermedades Inflamatorias Intestinales, Síndrome de Intestino Irritable, artritis reumatoide, esclerosis múltiple, diabetes tipo I, entre otras.

Producen metabolitos del triptófano que refuerzan la pared intestinal y vaginal, además de tener una función antimicrobiana, limitando el crecimiento de microorganismos como Helicobacter pylori o Candida albicans. Tienen efectos positivos en la recuperación de enfermedades infecciosas y recuperación de la homeostasis inmunológica tras ellas.

Perteneciente a la especie de los L. paracasei, ampliamente estudiados por sus efectos beneficiosos sobre el sistema inmune, protegiéndonos ante infecciones como la gripe.

Produce plantaricinas con un efecto microbicida, especialmente contra patógenos que causan gases e hinchazón, además de estreñimiento por exceso de metano.

Ampliamente estudiada en la salud humana, L. reuteri es una especie que ha demostrado mejorar los síntomas de cólicos del lactante, pero además, el descenso de la proporción de esta especie en adultos se relaciona con el aumento en la prevalencia de enfermedades inflamatorias.

Esta cepa está muy estudiada y tiene numerosos efectos beneficiosos sobre la salud: como psicobiótico, aliviando síntomas de depresión y ansiedad; como inmunobiótico, disminuyendo la incidencia de eczemas y alergias en niños, además de proteger a las madres embarazadas del desarrollo de diabetes gestacional.

Cepa inmunobiótica, ha demostrado modular positivamente la respuesta inmunológica y tener actividad antimicrobiana, como contra Candida y patógenos periodontales.

Cepa ampliamente estudiada, con numerosos beneficios para la salud humana. Además de tener un efecto psicobiótico, ayudando a controlar los síntomas del estrés y la ansiedad, y contribuir al confort intestinal.

Esta especie tiene una actividad antimicróbica y antiinflamatoria sobre mucosas, y cuenta con evidencia en Enfermedad Inflamatoria Intestinal, ya que reduce la inflamación y severidad de los síntomas en colitis.

Los hongos son diferentes a las bacterias. El tamaño de sus células es mucho mayor (unas 5 o hasta 10 veces), al igual que su complejidad. Pertenecen al dominio de las Eucariotas, igual que las células humanas. Son resistentes a antibióticos, y sólo hay una especie que se utiliza como probiótico, el S. boulardii.

Lleva prácticamente un siglo siendo estudiada, por lo que se conocen muchas de sus características y beneficios, donde algunas de ellas son:

  • Su resistencia: es altamente resistente a diferente pH (ácido o alcalino), temperatura y sales biliares.
  • Su actividad microbicida; nos protege frente a infecciones de diferentes formas:
    • Es capaz de acidificar el medio donde vive, lo que mantiene a raya muchos microorganismos infecciosos.
    • Estimula la síntesis de IgA, que es un tipo de anticuerpo.
    • Se une a patógenos y bloquea su capacidad de adhesión al epitelio intestinal.
    • Sintetiza péptidos antimicrobianos, que funcionan como antibióticos.
    • Modula positivamente la respuesta inmune, optimizando sus funciones.
    • Sus betaglucanos, presentes en la membrana, protegen del estrés oxidativo y de los radicales libres (actúan como antioxidantes), e incluso inhiben el crecimiento de células cancerígenas.
    • Aumenta la producción de butirato, que además de tener un efecto antimicrobiano, también es antidiarreico.
  • Efecto nutricional: es capaz de estimular la liberación de enzimas digestivas como la sucrasa, lactasa o maltasa, entre otros. Esto es de utilidad en pacientes con intolerancias, mejorando su digestibilidad.

Cabe destacar que entre cepas de S. boulardii existe poca diferencia genética, con lo que las funciones entre distintas cepas son muy similares. Esto se debe a que el nombre de S. boulardii es en realidad Saccharomyces cerevisiae sub boulardii, por lo que hablamos de una subespecie (una categoría dentro de la propia especie). Es decir, ‘boulardii’ podría considerarse como una cepa.

Sus beneficios han sido probados en distintas patologías:

  • Se conoce la capacidad de S. boulardii para contrarrestar el sobrecrecimiento o infección por H. pylori.
  • Asocia a la toma de antibiótico protege ante la aparición de diarreas, siendo el microorganismo con mayor porcentaje de eliminación de E. coli y C. difficile. También mejora síntomas de diarrea vírica.
  • Ha demostrado ser de utilidad frente a candidiasis, ya que su capacidad para acidificar el pH, inhibe la formación de hifas de Candida, disminuyendo tanto la adherencia, como la formación de biofilms por parte de este hongo.
  • Mejora los síntomas de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal, como la hinchazón, dolor abdominal o cambios en la frecuencia de deposiciones.