Probióticos de IV Generación

Probióticos de IV Generación

¿Qué son los probióticos de IV generación?

El uso de probióticos se ha extendido enormemente en la práctica clínica, pero cada vez son más los profesionales que demandan probióticos de cuarta Generación, es decir, que no les vale con cualquier tipo de producto porque ahora conocen la diferencia entre uno bien formulado y otro que no podría garantizar un buen resultado.

Gracias al avance y a la cada vez mayor formación de los profesionales de la salud en el campo de la Microbioterapia, es más común que se busque entre los distintos productos que ofrece el mercado para encontrar aquellos que de verdad se pueden usar como tratamiento.

Y te preguntarás, ¿pero entonces, no son todos los probióticos iguales? Pues no. Evidentemente, todos llevan en su formulación microorganismos vivos que confieren un beneficio para la salud cuando los tomamos, pero esto no es garantía única para su funcionamiento.

El micro mundo que llevamos dentro es muy complejo y por eso modularlo debe hacerse de una manera específica, sabiendo qué tomamos cuando nos prescriben un probiótico y su origen.

Es aquí donde van surgiendo conceptos que, si es la primera vez que lees sobre probióticos, puede que no sepas a qué hacen referencia. Hagamos un pequeño resumen.

Las cepas probióticas

Lo primero que debemos estudiar cuando compramos un probiótico es su composición. El concepto de cepa es, quizá, el más importante cuando hablamos de probióticos de cuarta generación. El tipo de cepa, su origen y su combinación con otras cepas es lo que marca la diferencia entre un producto probiótico y otro.

Para entenderlo, debemos imaginar varios niveles. Estos microorganismos se catalogan en géneros (primer nivel), que, a su vez, tiene distintas especies (2º nivel). Dentro de las especies, las diferencias se marcan con la cepa (3º nivel). Veámoslo con un ejemplo: Bifidobacterium sería el género, bifidum la especie y BGN4 la cepa. 

Pero, ¡ojo! No todas las cepas son iguales ni sirven para lo mismo. Incluso de algunas todavía falta mucho por conocer en lo que se refiere a sus capacidades probióticas. En su libro, “El Revolucionario Mundo de los Probióticos”, la Dra. Olalla Otero hace un exhaustivo trabajo de recopilación de las propiedades demostradas a día de hoy en las cepas probióticas más utilizadas, lo que ha convertido a este libro en un auténtico manual de referencia para profesionales y pacientes.

Derivación humana versus derivación animal

Además de la cepa, otra de las características que es necesario conocer a la hora de consumir un probiótico es su derivación, es decir, su origen. La clave para que, por ejemplo, una bacteria pueda ser utilizada como herramienta terapéutica es que tenga la capacidad de permanecer en nuestro organismo.

Si tomamos por ejemplo bacterias de derivación animal, como las que se encuentran en yogures u otros alimentos fermentados, podremos notar efectos temporales beneficiosos en nuestra salud, pero esos microorganismos no se quedarán en nuestro intestino para formar colonias y seguir ejerciendo sus funciones en un largo plazo. 

Cómo llegamos a los probióticos de IV Generación: un poco de historia

Como todo producto sanitario, los probióticos de IV Generación son el resultado de una investigación e innovación constante. Poco a poco, se fueron probando y consiguiendo mejores mecanismos con los que formular los probióticos para que sean lo más eficaces posibles.

Primera Generación: bacterias desnudas

Los primeros probióticos que se empezaron a comercializar fueron los de primera generación, que se creaban utilizando un proceso denominado liofilización. Con esto, lo que se conseguía era “dormir” las bacterias para que emprendiesen el viaje hasta nuestro intestino. Como la persona que se toma un somnífero para aguantar un vuelo largo. Una vez “aterrizaban” en él, se despertaban porque encontraban las condiciones ambientales óptimas para su supervivencia.

¿Problema? El proceso de liofilización era demasiado delicado, porque no garantizaba que en todo momento se mantuviese el rango de humedad que necesitan las bacterias para permanecer viables: entre un 2 y un 5%.

Segunda generación: DDS (Drug Delivery System)

La segunda generación centró sus esfuerzos en proteger el contenido de la cápsula en la que viajan los microorganismos, para hacerla resistente a la acidez gástrica. Para ello, se incluyó una especie de “barniz” con el que mantener intactas las bacterias.

¿Problema? Según la legislación vigente, este método solo se puede aplicar en fármacos, mientras que los probióticos todavía siguen catalogados como complementos alimenticios.

Tercera generación: bacterias microencapsuladas

La industria siguió investigando y en ese camino aparecieron los probióticos de tercera generación. Se vuelve a utilizar el proceso de liofilización, pero en este caso, en vez de hacerlo con la cápsula, se hace con el contenido en polvo. Así, se consigue un revestimiento individual de las bacterias.

¿Problema? Este revestimiento no es uniforme para todos los microglóbulos. Teniendo en cuenta que el contenido de microorganismos de un probiótico se mide en número de unidades formadoras de colonias (UFC), este proceso podía afectarle y que el número de microorganismos con protección pasase de cientos de miles a solo varias unidades.

Probióticos high performance: se inventa la cuarta generación

En la IV Generación tecnológica nos encontramos con cepas que cuentan con un doble rPoco a poco y gracias al afán de crear unos probióticos que de verdad garantizasen la llegada a nuestro intestino de la cantidad suficiente de bacterias, la industria llegó a los probióticos de cuarta generación. En este caso, tenemos un doble revestimiento, dos capas de protección que permiten que el contenido de la cápsula llegue en perfectas condiciones a su destino.

probióticos de iv generación

La primera capa de protección está hecha de proteínas, que se encargan de mantener a las bacterias que viajan dentro de la cápsula bien protegidas del pH ácido del estómago que se encuentra tras las comidas. Esto es muy importante porque los probióticos deben tomarse después de comer, por lo que su “tecnología” debe permitir que resistan las condiciones ácidas que se dan en este momento. Una vez el probiótico llega al intestino, se encuentra con un pH más alcalino, en el que las cepas pueden “quitarse” esta capa de proteínas para liberarse.

La segunda capa de protección está formada por polisacáridos y permite una mayor resistencia a la temperatura, a la humedad y al estrés mecánico. Es decir, que impide que cualquier adversidad que pueda comprometer la supervivencia de las bacterias les afecte.

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Propiedades de los probióticos de cuarta generación

Gracias a esta innovadora tecnología, los probióticos de cuarta generación llegan activos allí donde queremos que actúen. Con todo lo que sabemos, podemos resumir sus propiedades en los siguientes puntos. Los probióticos de IV Generación:

  • Son capaces de llegar con sus condiciones de viabilidad intactas al área de colonización en la que nos interesa que actúen
  • Tienen la capacidad de formar colonias permanentes
  • Se adhieren al epitelio intestinal, ayudando a preservar su integridad
  • Garantizan que las UFC del producto no se “pierdan” en el viaje de la cápsula hasta el intestino
  • Su composición con cepas específicas, sin crear formulaciones multicepa, evita que los microorganismos compitan entre sí

Microbioterapia: el uso de probióticos en la práctica clínica

Gracias a la invención de estos probióticos de cuarta generación y al enorme avance investigador en lo que respecta a la microbiota y a su funcionamiento, cada día son más los profesionales que apuestan por formarse en Microbioterapia para poder aplicarla en su práctica clínica.

La Microbioterapia se define como el uso profesional y científicamente validado de probióticos humanos de IV Generación con cepas específicas, de manera individualizada, para mejorar su situación clínica actual o apostando por una estrategia de prevención y de preservación de su salud sistémica.

Formarse en ella es fundamental (de ahí que sea un pilar importantísimo de nuestro trabajo), ya que el mundo de la microbiota y de los probióticos está en constante evolución, gracias a todos los estudios en marcha que nos van dando nuevas claves de la relación de nuestro organismo y nuestra salud con el micro mundo que llevamos dentro.

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