El síndrome del ovario poliquístico, otra dolencia femenina que esconde una disbiosis

El sindrome del ovario poliquistico, otra dolencia femenina que esconde una disbiosis

La relación entre la microbiota y el sistema metabólico es de sobra conocida. Algunas patologías asociadas a la alteración del metabolismo, como la diabetes o la obesidad, ya están siendo tratadas con pautas de integración probiótica, utilizando microorganismos específicos seleccionados de derivación humana para mejorar el estado de salud de aquellos que las padecen.

También se ha evidenciado en numerosos estudios científicos el nexo común que existe entre la salud femenina y la población bacteriana intestinal, que marcará los parámetros del estado de salud de las mujeres en función de su equilibrio y composición en momentos de cambio hormonal como el embarazo o la menopausia.

A día de hoy, la Medicina está centrando sus esfuerzos en conocer también los mecanismos que producen otras enfermedades que afectan a las mujeres, como la endometriosis o el síndrome del ovario poliquístico (SOP).

QUÉ ES EL SOP

Este último se caracteriza por un sobrecrecimiento de las hormonas de la mujer, que puede derivar en irregularidades menstruales, infertilidad, problemas de piel y presencia de pequeños quistes en los ovarios, entre otras cosas.

Aunque todavía es necesario continuar investigando con respecto a este síndrome, las últimas investigaciones que se han realizado ya arrojan luz sobre la relación que tiene con la microbiota y cómo un tratamiento probiótico puede conseguir mejorar lo síntomas de las mujeres que lo sufren.

Uno de los estudios que llegó a esta conclusión fue el realizado por los investigadores del departamento de Endocrinología y Metabolismo de la Universidad de Shanshai, en colaboración con la Human Nutrition Research Center de la Universidad de Boston. En él, trabajaron con 33 pacientes afectadas por el SOP que también sufrían obesidad.

Tomaron muestras de su ADN bacteriano intestinal, con las que pudieron descubrir que presentaban un importante estado de disbiosis, es decir, de desequilibrio de la microbiota. Con respecto al grupo control, las pacientes con SOP tenían una presencia mayor de bacterias negativas, como Bacteroides, Escherichia o Shigella, mientras que las positivas, como la Akkermansia, tenían sus poblaciones diezmadas.

Con los resultados aportados por el análisis del ADN bacteriano, los investigadores concluyeron que “modificar el patrón nutricional de las pacientes y corregir el estado de disbiosis que presentan, utilizando una integración probiótica específica, podría ser de gran ayuda en la gestión de enfermedades metabólicas, como la obesidad o el síndrome del ovario poliquístico”.

Como siempre, para que la integración funcione, es necesario que los probióticos que se utilicen sean de cuarta generación, es decir, resistentes al ácido del estómago y capaces de crear colonias permanentes en el intestino, dado que, si no, no se conseguirán los resultados que se buscan.

Utilizar probióticos específicos de derivación humana podría ser de gran ayuda en la gestión de algunas enfermedades metabólicas

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