La mayor herencia: un cóctel de bacterias

la microbiota de la madre condiciona la de los hijos

Aunque la población bacteriana que habita nuestro intestino es más o menos estable en la edad adulta, en el caso de las mujeres se ve afectada por los cambios hormonales de mayor relevancia que se producen: la menstruación, el embarazo y en la menopausia. “Nosotras cambiamos nuestra microbiota a lo largo de nuestra vida. Durante la gestación, por ejemplo, cambiamos por lo menos dos o tres veces el balance de bacterias de nuestra vagina y de nuestra piel”, asegura Annalisa Di Rocco, ginecóloga y PNI, que añade como otro gran factor que influye en la microbiota la cantidad que tenga el organismo de la hormona progesterona en cada momento.

Debido a ello, la Microbioterapia también se aplica durante el embarazo y las mujeres que a día de hoy están en época gestante “tienen más concienciación sobre la necesidad de cuidar su microbiota”, explica la matrona Carmen Amorín, del centro Movement Studio. Indudablemente, cuidar la alimentación es la base para que las bacterias intestinales estén en el mejor equilibrio posible. Cuidarla durante el embarazo supone no solo preservar la salud de la microbiota de la mujer, “sino que también será de vital importancia para que la del niño sea sana”.

Dra. Amorín: «Cuidar la microbiota durante el embarazo supone no solo preservar la salud de la microbiota de la mujer, sino que también será de vital importancia para que la del niño sea sana»

Y es que la primera y más importante herencia que las madres le dan a sus hijos es la de sus bacterias. Contrariamente a lo que se pensaba en el pasado, la placenta no es un lugar estéril y ya es en ella donde se empieza a configurar la huella bacteriana del feto, muy marcada por los microorganismos presentes en la boca de la madre. Fue la Dra. Aagaard en 2012 quien demostró que el recién nacido tiene una microbiota mucho más similar a la de la cavidad oral de su madre que a la de la vagina. “Además, en 2014 publicó los resultados de un estudio en el que se analizaron 320 placentas frescas, que tenían bacterias similares a las bucales. Por eso se considera que la boca es el primer órgano que propicia el primer contacto del feto con las bacterias”, relata Amorín.

Aún así, el canal del parto sigue siendo una de las más importantes vías de colonización del feto. De hecho, especialistas como Amorín o la experta en Microbioterapia y médico internista, Sari Arponen, alertan de la elevada cantidad de cesáreas innecesarias que se practican en la actualidad. “Es algo que la gente no ve y no se están dando cuenta de hasta qué punto pueden estar afectando a la salud del recién nacido”, detalla la matrona, que se apoya en la existencia de multitud de trabajos que relacionan algunas enfermedades autoinmunes, “como eczemas, alergias o rinitis” con el tipo de parto.

La lactancia materna también es una de las grandes herramientas que las madres tienen para configurar la microbiota de sus hijos. “Con solo un mes de dar el pecho, el bebé ya refuerza enormemente su microbiota”, afirma Amorín. La consecuencia es clave: el recién nacido estará mucho más sano, dada la importantísima relación entre el equilibrio de nuestras bacterias y la maduración del sistema inmune. Incluso se estima que la utilización de probióticos en bebés reduce considerablemente la posibilidad de que estos necesiten antibióticos durante los primeros años de vida. “Es la pescadilla que se muerde la cola”, ejemplifica Amorín, “cuanto mejor haya ido el embarazo, si el parto fue natural y si hubo lactancia materna, el bebé tendrá una mejor composición de su microbiota y, por tanto, su sistema inmune será más fuerte y podrá luchar mejor contra patógenos e infecciones”.

Qué tipo de bacterias necesita un bebé

Pero, ¿cuáles son las bacterias que más necesita un bebé para mejorar su salud microbiana? “Una integración probiótica con bifidobacterias suele ser suficiente para frenar algunos de los problemas más habituales que surgen al principio, como cólicos o estreñimiento”, apunta la experta, que reconoce que esta pauta tiene incluso más efectos si la madre ha tomado también bifidobacterias durante la gestación.

Un bebé necesita bifidobacterias

Además de sobre los probióticos y el cuidado de la alimentación, Carmen Amorín pone el foco en la excesiva limpieza a la que normalmente exponemos a los recién nacidos, “especialmente cuando los padres son primerizos”.

“Hay quien lo esteriliza todo y llena de cremas al bebé y eso es un ataque constante a su microbiota cutánea”, afirma Amorín.

Esta es una idea con la que está de acuerdo la médica Arponen, que fue una de las ponentes en la charla abierta al público organizada por Nutribiótica que se celebró en el H.U. de Torrejón.

En ese foro, la experta afirmó que las bacterias de la piel “son a las que más daño le hacemos aplicándole todo lo que utilizamos en nuestra higiene diaria, que a veces es excesiva”.

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