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Probióticos y antibióticos: ¿Son efectivos?

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El uso de los antibióticos es tan habitual y natural, que pareciera que llevan “toda la vida” con nosotros. En este artículo, veremos cómo los probióticos tienen un papel en un tratamiento con antibióticos.

Resistencia a los antibióticos

Los antibióticos, sin duda alguna, han salvado miles de vidas. El descubrimiento y la síntesis por parte de la industria farmacéutica de los mismos han marcado un antes y un después en la historia, no solo de la humanidad, sino también en la vida de los animales que nos acompañan.

Pero, como se suele decir, “lo bueno, si es breve, dos veces bueno”. Las propiedades atribuidas a los antibióticos han hecho que se popularizara tanto su utilización que se llegó al abuso, tanto por parte de particulares – antes, los antibióticos eran de venta libre en las farmacias – como por parte de los facultativos sanitarios que, ante cualquier infección – aunque sugiriera una infección vírica – la cubrían con antibióticos con un “por si acaso”.

¿Por qué se llegó a esa situación? Por una parte debido a desinformación, a la creencia popular de que los antibióticos sirven para todas las infecciones, cuando la mayoría son de orígen vírico y ningún antibiótico sirve para los virus.

Las infecciones víricas se suelen curar aproximadamente en una semana, por lo que si se daba antibiótico parecía que la mejoría venía por ello y no por el proceso natural de curación. Recordemos otra frase popular: “la gripe se cura en una semana con tratamiento antibiótico y en siete días”.

Y por último, no hay que obviar la presión asistencial. Cuando una persona insiste en que su infección no se cura sin antibiótico, sólo una fuerte relación médico-paciente puede desmontarlo, esto se construye con el tiempo y con la confianza… algo de lo que no siempre dispone nuestro sistema de salud.

En resumen, cuando es necesario, hay que tomarlos y no hacerlo puede conllevar a una situación de gravedad que puede volverse irreversible.

Probióticos y antibióticos

Pero hay múltiples estudios que han ensayado alternativas a los antibióticos. El uso de probióticos con antibióticos como nueva arma contra los patógenos en infecciones leves, que son las más comunes.

Algunas de estas patologías son las infecciones urinarias, las otitis en niños y gastroenteritis por diferentes entidades, como la Salmonella.

Incluso se han realizado ensayos en infecciones graves como las producidas por Staphylococcus aureus y Pseudomonas aeruginosa, dos bacterias muy temidas por sus grandes resistencias, con buenos resultados. En un ensayo en concreto se realizó una microencapsulación de los probióticos (son los llamados de tercera generación) para que pudieran resistir la acción de los antibióticos al ser administrados a la misma vez. Se logró erradicar por completo a ambas bacterias.

En España e Italia contamos con probióticos de cuarta generación, como por ejemplo Enterelle Plus, que contiene cepas que son resistentes a la mayoría de los antibióticos. Gracias a esa propiedad, es un probiótico ideal para tomar conjuntamente con el tratamiento con antibióticos, con el objetivo de atenuar o prevenir las complicaciones derivadas de los mismos, como la diarrea y la disbiosis postantibiótica, así como disminuir el riesgo de infección por Clostridium difficile.

También se ha estudiado la utilización de probióticos como coadyuvante en el tratamiento conjunto con los antibióticos para potenciar el efecto beneficioso de ambos. Actualmente se utiliza, por ejemplo, en el tratamiento erradicador del Helicobacter pylori.

¿Sirven todos los probióticos en terapia con antibióticos?

No, los probióticos no son todos iguales.

Las propiedades que hacen que un probiótico pueda ser útil como prevención o tratamiento de una infección son los mismos que para cualquier otro tratamiento de microbioterapia, y son al menos cuatro: que puedan resistir el ácido del tracto gastrointestinal, que tengan la capacidad de implantarse en la zona donde han de hacerlo, que lleguen vivos a ese lugar y en cantidad suficiente, y que tengan afinidad por el epitelio del huésped para que el efecto sea persistente en el tiempo.

Utilizar un probiótico que no cumple esas condiciones puede ser útil mientras se toma, pero el efecto rápidamente se perderá por el wc – y con ello, nuestro dinero – ya que esas bacterias no se quedarán formando parte de la microbiota.

Por otra parte, los tratamientos de probióticos de unos pocos días pueden ser útiles para algo muy agudo, como frenar una diarrea asociada a los antibióticos, pero tampoco logran un cambio significativo en nuestra microbiota. Los tratamientos recomendables suelen ser de varias semanas, idealmente incluso varios meses, para tener un efecto de moldeado de nuestra microbiota. Esto es algo muy importante y a tener en cuenta si se quiere lograr un efecto a medio o largo plazo.

Además, para cada situación hay que utilizar las cepas adecuadas según el efecto que se busca: no daremos el mismo probiótico para una disbiosis oral que una vaginal, por ejemplo.

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Antibióticos y su efecto en la microbiota

Lo más frecuente, aunque no le pasa a todos los usuarios de antibióticos, ya que la microbiota saludable tiene cierto grado de resiliencia que hace que se acabe recomponiendo con el tiempo, son las alteraciones gastrointestinales.

A muy corto plazo puede aparecer diarrea. Con el tiempo (incluso meses después), algunas personas manifiestan aumento del reflujo gastroesofágico, sensación de hinchazón tras las comidas, aparición de diarrea crónica (asociada o no a Clostridium difficile) o estreñimiento, debut o empeoramiento de enfermedades inflamatorias intestinales e intolerancia a alimentos que antes podían comer sin problemas.

Aún así, un estudio realizado con voluntarios sanos que tomaron antibiótico durante una semana o menos, demostró que los cambios en la microbiota, consistentes en una pérdida muy importante de la diversidad microbiana, así como un aumento de cepas resistentes a antibióticos, duraban de seis meses a dos años.

Los microorganismos de la microbiota coexisten con complejas relaciones entre ellos. Eso significa que un antibiótico al que son sensibles algunas bacterias gram positivas, por ejemplo, puede acabar reduciendo también la población de otras gram negativa por la pérdida de las primeras.

¿Para qué sirven los probióticos en tratamiento antibiótico?

  • Competición: cuando se implantan unas especies de microorganismos, no se deja espacio físico ni recursos para otros que intentan ocupar el mismo nicho ecológico.
  • Bacteriocinas: sustancias que secretan las bacterias probióticas que atacan directamente a otras bacterias y las eliminan.
  • Proteasas: que son capaces de desactivar toxinas bacterianas, como las del Clostridium difficile.
  • Por estimulación del sistema inmune: se ha demostrado que los probióticos pueden actuar positivamente en células del sistema inmune, como en los linfocitos NK y macrófagos, así como disminuir citoquinas inflamatorias como la IL-6 o el TNF-α. Esto logra que el propio organismo sea más eficiente luchando contra la infección.
  • Mediante síntesis de ácidos grasos de cadena corta que favorecen dichas funciones inmunológicas y antiinflamatorias
  • Establecimiento de un buen ambiente para que otros microorganismos beneficiosos puedan crecer
  • Mediante la modificación del pH (en boca y vagina), para evitar que otros microorganismos proliferen
  • Mediante la inhibición de los eventos inducidos por los LPS, que son lipopolisacáridos que se encuentran en la cubierta de un tipo de bacterias y que actúan como un marcador, contra los que nuestro organismo lucha y se inflama en el camino.
  • Impidiendo la adhesión al epitelio de microorganismos con capacidad patógena

¿Cuándo utilizar los probióticos en caso de infección?

El profesional médico es el que debe decidir si, en cada caso particular, la situación requiere de la toma de un antibiótico o no. Si es así, puede ser útil ingerir una cápsula de Enterelle Plus junto con cada toma de antibiótico durante el tiempo que dure éste, para disminuir los efectos secundarios.

Si ya se ha terminado el tratamiento, se pueden tomar dos cápsulas diarias de Enterelle Plus durante dos semanas, para disminuir la carga de microorganismos oportunistas.

Por otro lado si se decide que se puede probar con un tratamiento no farmacológico, este ha de ser individualizado para cada persona, pero las infecciones vaginales y de orina de repetición son dos ejemplos en los que puede en muchos casos evitarse el uso de antibióticos. Incluso, en estas situaciones, el uso de probióticos ayuda a restaurar el equilibrio perdido que hace que precisamente haya propensión a esas infecciones.

Y no olvidemos que los probióticos también pueden ayudar a que otros tratamientos funcionen mejor, como en la erradicación del Helicobacter pylori. En este caso, Pilorex ha demostrado ser muy útil para mejorar la sintomatología asociada.

En definitiva, los antibióticos son muy necesarios, tanto que se ha de reservar su uso al máximo para que siempre podamos disponer de esas “balas mágicas”, como se los llamó en su momento.

Todos tenemos la responsabilidad de ello, tanto profesionales sanitarios como usuarios, y el uso de probióticos es una alternativa no solo útil, sino con efectos beneficiosos que van más allá de evitar esa infección.

Cuidar nuestra microbiota es, con todo lo que sabemos ya de ella (muy poquito en realidad, imagina todo lo que nos queda por descubrir) un imperativo para tener una vida sana y un envejecimiento en plena forma.

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